Posteado por: aliciaenelpaisdelasmascarillas | febrero 1, 2010

“Estamos en manos de niños con pistolas jugando a la guerra”[i]

Andrés vive en una barriada. Tarda 15 minutos caminando desde su casa de latón (carente de luz eléctrica) hasta la avenida más cercana, la única calle pavimentada a la redonda. Andrés tiene 12 años y carga una pistola en el bolsillo. A Andrés le roban la bicicleta. Se la roba Camilo. Otro muchacho que dejó el colegio en 9no para darle espacio a la pistola que tiene entre los pantalones. Andrés, señores, no irá a poner el denuncio en la policía. Andrés irá a otra casa, algo más lujosa, probablemente con una televisión plasma pero aún sin acueducto y pedirá audiencia  a los escoltas del líder de la zona. Los escoltas son algo mayores, tendrán 17. Susurrarán, lo requisarán y lo dejarán pasar ante un joven de unos 20 años, el que les entregó las pistolas. Él decidirá la disputa, encontrará una solución, probablemente le devolverá la bicicleta al dueño original. A lo mejor Camilo deba hacer una guardia extra, o una misión peligrosa a modo castigo, luego todo volverá a la normalidad.

Otra posibilidad es que Camilo sea el hermano menor del líder, que no importe que sea ladrón, que Andrés sea castigado por sapo. O que Camilo asesinado por ladrón porque esa bicicleta se la regaló el líder a Andrés. O que los dos sean castigados por pelear o que el líder decida quedarse él con la bicicleta, o partirla por la mitad como un nuevo Rey Salomón. Luego, en cualquier caso, todo volverá la “normalidad”.

Señor lector, encuentre usted por favor lo absurdo de estas situaciones. Aparte la pobreza evidente de la casa de latón o la lejanía del pavimento. Vamos al agente de justicia, a los niños con pistola, a la definición de normalidad, a la imprevisibilidad en la resolución del conflicto.

Ahora, si hacemos un zoom-out de la zona de latón donde nos encontramos, saldremos esa zona de jurisdicción y nos encontraremos en un territorio donde es posible poner una denuncia por robo, donde es ilegal portar armas. Pero jóvenes como Andrés desconfían del sistema (no sin razón, tal vez) y han entrado al marco de la ilegalidad, dónde la autoridad es otra. Algunos, incluso, son prófugos de la ley. La consecuencia directa de esto es que las acciones tendrán consecuencias diferentes dependiendo del sistema al que se adhieran y, en el caso del segundo, serán totalmente impredecibles. Se pierde la regularidad y, ¿no pretende el derecho regular las relaciones humanas? ¿Es esta situación un espécimen de derecho?

El derecho es  un “cuerpo de procedimientos y estándares normativos regulados, exigibles ante un juez, contribuye a la prevención y creación de disputas y solución mediante discurso argumentativos acompañados de la amenaza de la fuerza”[ii] . Pero, ¿a dónde se fueron los “procedimientos estándares normativos regulados”, el “exigir algo (previsible o justo) ante un juez”? Cumple, aún así, con la característica básica del derecho: hay una imposición de un superior  un inferior con la posibilidad de coacción, ¿es, entonces, una especie de derecho primitivo?

Si es el caso, entonces los últimos 2 siglos de avances jurídicos se fueron a la caneca, de vuelta al mundo medieval, al puro feudalismo. Aún cuando a 15 minutos de allí se encuentre el siglo XXI, los derechos humanos, el Código Civil.

Este es un ejemplo de pluralismo jurídico, de existencia de sistemas de derecho dentro de otros y, en este caso, es la oposición de los mismos. Cuando el sistema oficial marca con el rótulo de “ilegalidad” la vida diaria de una sección de la sociedad, como una comuna o una barriada, es natural que surja un nuevo sistema que supla la ausencia del sistema oficial allí. Pero este nuevo sistema no depende de nada, ni le responde a nadie, no hay derechos humanos, ni ONGs. Es un sistema ilegítimo en un lugar donde el Sistema Oficial no es válido, no es reconocido. Es “el margen de la ley”, es estar “en manos de niños con pistolas”.

La pluralidad jurídica no tiene nada de malo. Es necesaria, incluso. Es necesario el derecho internacional para regular a los gobiernos tiranos, es necesario que en la Carta Política se reconozca la jurisdicción de las tribus indígenas, pero también es necesario que se ideen mecanismos que integren las sub-regulaciones jurídicas que naturalmente surgen en la sociedad. No solo las pandillas, también las juntas de acción comunal o las filiaciones religiosas. De lo contrario aparecen casos como el de Andrés, donde “la fuente de derecho” es la pistola más grande y la posibilidad del individuo de exigir un procedimiento o un fallo equitativo justo desaparece.

Oruga – Beatriz Botero


[i] Documental LA SIERRA, residente del barrio La Sierra

[ii] DE SOUSA SANTOS, Boaventura. La Globalizacion del Derecho

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: