Posteado por: aliciaenelpaisdelasmascarillas | febrero 1, 2010

De la sierra para acá es Édison, de la sierra para allá es Uribe.

El caso de la Sierra en Colombia y las favelas de Rio de Janeiro son sólo una muestra sustancial de que pretender  mantener el discurso de la existencia de un monopolio jurídico estatal resultaría un tanto falaz

La Sierra en Colombia y las favelas brasileras, son territorios locales dentro de una ciudad, que a su vez hacen parte de un Estado-Nación. Estos territorios son contralados por grupos al margen de la “LEY” y, son quienes ejercen el control sobre cada zona respectivamente. Cuando hablo de que ejercen un control me refiero a que son quienes se encargan de resolver los conflictos entre los pobladores de esos territorios, impartir “justicia”, definir que se puede y no puede hacer en ese territorio, esto en las manos de un líder que hace las veces de juez, de cabeza de comunidad, de líder armado.

Dando un enfoque primado al caso colombiano, surge una importante cuestión, ¿Cómo es posible que existan territorios que hacen parte de un Estado-Nación controlado por agentes extraestatales?

En un país en donde el conflicto armado ha pervivido por más de medio siglo, no resulta nada extraño que se presente situaciones como la anteriormente señalada. Esto a la suma de la inoperancia de los agentes estatales encargados de ejercer control sobre esos territorios resultan una verdadera combinación para que se de ese fenómeno. Sin la presencia del Estado y la regulación de territorios por parte de agentes extraestatales (como grupos al margen de la ley), es obvio que la idea de un monopolio jurídico estatal no aplica para este caso, dado que no sólo el Estado es quien determina el Derecho en todo su territorio, sino también que agentes externos a él, lo determinan para ciertas localidades que hacen parte del mismo. Sin duda alguna estamos frente un caso de pluralismo jurídico.

El pluralismo jurídico “tiene que ver con la idea de que más de un sistema jurídico opera en una misma zona”[1]. Como anteriormente mencione, los ejemplos mencionados no son más que el puro reflejo de que más de un sistema jurídico opera en una misma zona.

Puede resultar un poco arriesgado asegurar que el orden impuesto por grupos al margen de la ley en territorios que normalmente deben ser dominados y regidos por la jurisdicción estatal, sea llamada un sistema jurídico. Pero, en realidad lo es, en la medida que presenta “un conjunto de procedimientos y estándares normativos regulados, que se considera exigible ante un juez o un tercero que imparte justicia y que contribuye a la creación y la prevención de disputas, así como su solución mediante un discurso argumentativo acompañado de la amenaza de la fuerza”[2]. Es claro que en este caso el uso de la fuerza prima sobre la retórica del argumento, resulta algo consecuente porque hablamos de un sistema jurídico ilegal.

Entonces, la existencia de dos sistemas jurídicos en un mismo territorio es una prueba fehaciente del pluralismo jurídico, y por ende mantener el discurso de la existencia de un monopolio jurídico estatal resulta falaz.

David Jiménez- Cheshire.


[1] DE SOUSA SANTOS, Boaventura. La Globalizacion del Derecho

[2] Ibíd. p. 20

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