Posteado por: aliciaenelpaisdelasmascarillas | marzo 1, 2010

Entre el Estado de Derecho y la Tiranía de las Mayorías

Entre el Estado de Derecho y la Tiranía de las Mayorías

Winston Churchill dijo sobre la democracia: “El mejor argumento en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio.”[i] También que “La democracia es el peor de todos los sistemas políticos, con excepción de todos los sistemas políticos restantes.” y que “La democracia es la necesidad de inclinarse de cuando en cuando ante la opinión de los demás.” El Nobel no solo tenía una clara concepción de lo que implicaba la democracia sino que fue la mente maestra en la guerra contra el régimen totalitarista más recordado del Siglo XX. También quiso hacerse reelegir en vano luego de su segundo mandato como Primer Ministro de Inglaterra.

Ahora, tal vez la democracia a la que se refiere Churchill no es aquella en la que también a las minorías gozan de representación. Si la democracia fuera únicamente la opinión de la mayoría, las expresiones y opiniones de las minorías podrían simplemente ignorarse. Ahondar en las consecuencias, morales y fácticas, de colocar al margen de la ley cualquier tipo de práctica diferente no es el objeto de este ensayo, pero si cabe mencionar que es el primer paso para un régimen autoritario al mejor estilo de la primera mitad del siglo pasado. Este fenómeno se conoce como “la tiranía de las mayorías”, y es su tendencia a consolidar regímenes.

Para evitar la odiosa confusión entre “mayoría” y “democracia” y llegar a una mejor puesta en práctica, debería utilizarse “democracia” como la define la Real Academia de la Lengua Española y como la entiende la Constitución Política de Colombia de 1991: como “la forma de Gobierno donde la soberanía está en el pueblo”.[ii] No en la mayoría. En un territorio como el colombiano donde, en principio, debe imperar el Derecho del Estado, el pueblo tiene un significado complejo y amplio. La  democracia representativa consagrada en la Carta de 1991 logró acordar una serie de principios fundamentales entre varias partes, no solo las de mayoría numérica.

En 1990, el momento constituyente,  contexto nacional y regional del momento exigía que en la nueva Carta Política (y en muchas otras en la región) se intentara superar las circunstancias políticas y sociales del país. A esta tendencia histórica en América Latina se le conoce como “Constitucionalismo”[iii]. El Constitucionalismo quiso consagrar la igual dignidad de todas las personas, los derechos inalienables y, por supuesto, los derechos de participación política. Este rasgo característico, lo aspiracional, resulta problemático por contraponer el discurso de derechos y participación a la puesta en práctica en el diseño de instituciones estatales.

Debido a su carácter aspiracional y a las dificultades de lograr en la interpretación la participación de todas las partes, el texto constitucional se presta para casi cualquier interpretación. Así, la interpretación constitucional se convierte en una herramienta política y la Constitución como una herramienta constantemente reformable para satisfacer el programa político de quien esté en el poder. Este es otro rasgo del constitucionalismo del que no se escapa la Constitución colombiana: el reformismo. Consecuencia de esto es el excesivo uso de los discursos simbólicos y la inclusión de normas que entonces no estarían hechas para ser cumplidas.

Es precisamente por esto que el acontecimiento de la semana pasada en Colombia, el fallo en contra de la reforma constitucional que permitiría la tercera reelección de (el) un presidente en oficio, resulta de carácter histórico y contrario a la constante Latinoamericana.

El concepto que había expedido el Procurador General de la Nación es un ejemplo de la interpretación utilitarista típica que pretende favorecer al ejecutivo y la anterior (e interesante) aprobación del proyecto de ley en el Congreso dejó mucho que desear. En el fallo, en cambio, la Corte Constitucional ejerció honrosamente su papel como protector de la Democracia Representativa  y de los Principios Fundamentales consagrados en la Constitución de 1991 e hizo que primara el Estado de Derecho antes que cualquier cosa.

¿Qué significa entonces la primacía del Estado de Derecho, defendido a capa y espada por los Magistrados de la Corte Constitucional? Está aún por verse. Por ahora, significa que Colombia tiene 13 semanas para conocer a los candidatos y elegir a uno como próximo Presidente de la República. Ojalá sea el inicio de una nueva era, en el que la continuidad y primacía de las instituciones jurídicas creen cierta estabilidad jurídica y social en el que la eficacia simbólica se traduzca a una eficacia material y que el País se encamine a un verdadero Estado Social de Derecho.

Oruga –Beatriz Botero


[ii] Real Academia Española http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=apoyar

Constitución Política de Colombia 1991. Título I Art. 3

[iii] Congreso ‘El Derecho en América Latina: los retos del siglo XXI: Conferencia: ¿Para qué las reformas constitucionales en América Latina? Por Roberto Gargarella y Rodrigo Uprimmi

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