Posteado por: aliciaenelpaisdelasmascarillas | marzo 15, 2010

Después de más de 100 años la lucha y la revolución siguen vivas en México…

Hace aproximadamente un siglo, en México estalló la Revolución. El principal líder de la revuelta en esa época era Francisco Madero, hombre perteneciente a una familia de clase alta y hacendada, quien hablaba de una revolución política y llevaba como bandera la democratización del país, para así dejar a un lado el régimen autoritario de Porfirio Diaz. Pero junto con Madero habían otros dos líderes de renombre: Pancho Villa en el norte y Emiliano Zapata en el sur del país. Este último, aunque en un principio estuvo unido a los ideales de Madero, pronto se radicalizó, pues su idea de revolución no era aquella que llevara únicamente a un cambio político;él también proponía un cambio social profundo, en donde la bandera fuera una reforma agraria y la inclusión de los sectores no reconocidos hasta el momento a la sociedad -como los indígenas-.

Aunque al caudillo del Sur, como llamaban a Zapata, lo mataron el 10 de abril de 1919 sus ideales y sobre todo la idea de la inclusión de los pueblos indígenas aún vive. Ahora, un siglo después el Ejército Zapatista de liberación nacional –EZLN-, es el encargado de seguir con el legado de Zapata, al Sur del país azteca en la zona de Chiapas. El EZLN lucha para que los descendientes de la cultura Maya, y en general los pueblos indígenas de todo el país que representan aproximadamente entre un 10 y un 12%  de la población según la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas –CDI- puedan reafirmar su identidad exaltando su diversidad, como el idioma o las costumbres. Pero este movimiento lucha por una inclusión que no busque homogeneizarlos para que se ajusten a los requerimientos de una sociedad moderna, sino para que desde sus particularidades se reconozcan como mexicanos y así dejen de ser parias en su propia tierra.

Dos años después de la conformación del EZLN, el gobierno nacional de México, decidió firmar un acuerdo en donde se respetaría la autonomía indígena y se les daría un reconocimiento constitucional a éstas comunidades, concediéndoles así, el carácter de  entidades de derecho público. Lo que llevaría a que por primera desde la independencia los pueblos indígenas pudieran elegir democráticamente y en libertad a sus representantes, como desde hacía casi doscientos años los venían escogiendo otros sectores de la sociedad mexicana. Este tratado se firmo en un pueblo de Chiapas llamado San Andrés de Larraiza, por lo que llevó el nombre de Acuerdo de San Andrés de 1996. Se pensó que este acuerdo era la prueba de que el derecho más que tener un efecto netamente regulador, también tenía la posibilidad de convertirse en un transformador de la sociedad. Porque lo que se proponía con este pacto era un cambio bastante significativo para el desarrollo de la vida política, económica y social de México ya que pasaría de ser una sociedad excluyente de sus raíces, a ser una sociedad incluyente en donde a los pueblos indígenas se les reconocería su realidad sin cambiarlos o “modernizarlos”, se les abriría paso en la política y en las decisiones gubernamentales del país.

Pero la idea idílica de que la realidad sí se podía cambiar en un corto tiempo y que el derecho permitía estas modificaciones para buscar el bienestar general, pronto se desvaneció ante los ojos de miles de indígenas y de personas que veían en el acuerdo de San Andrés las herramientas para un futuro más justo y mejor. El EZLN y los pueblos indígenas cayeron en la realidad  el 27 de Diciembre de 2007, pues para esta fecha ya se sabía que el gobierno iba a cumplir con muy poco de lo pactado 9 meses antes. Es aquí cuando la sociedad se da cuenta que la falta de voluntad política para generar un país más justo que reparta mejor la riqueza, tal como lo pensaba Emiliano Zapata 100 años atrás, conlleva a que el derecho no pueda ser utilizado como un arma transformadora que enriquezca a la sociedad; sino que por el contrario éste es utilizado como escudo para mantener el status quo, como defensa de una sociedad materialmente desigual que no cambió por miedo al poder de las minorías.

Sin importar el tiempo transcurrido, se puede ver que los ideales y las ganas de cambiar la realidad van de la mano con la idea de un derecho que es capaz de transformar para conseguir la igualdad, ideas que en México se oyen desde muchos años atrás con personajes como Zapata o con el subcomandante Marcos, uno de los líderes del EZLN. Ideas que se escuchan y que han tenido gran acogida entre los sectores populares, pero que poca recepción han tenido en los textos legales, que son los que finalmente determinan el rumbo de la sociedad. Ahora queda la esperanza de recordar que por 9 meses el sueño de la transformación sí fue posible y que tan solo falta un poco más de voluntad política para que esos meses se conviertan en años y así la voz del pueblo coincida con las decisiones del gobierno y la sociedad se pueda transformar.

REINA DE CORAZONES

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