Posteado por: aliciaenelpaisdelasmascarillas | marzo 26, 2010

De la Dignidad humana y la libertad en el proceso judicial

El viernes 19 de Marzo, asistí a los juzgados de Paloquemao. El objetivo: observar si se cumplen los principios rectores y las garantías procesales consagradas en el Código de Procedimiento Penal (Ley 906 de 2004), claro está, resultaría un poco falaz derivar conclusiones tan generales a partir de la observación de una pequeña muestra, pero al menos se esboza una idea. Pues bien, era medio día cuando entré a la primera audiencia, era de imputación de cargos. Los actores eran el acusado -Un joven de 18 años-, el defensor –abogado de confianza-, la fiscal y la juez. Se le imputaba el delito de hurto simple el cual el acusado no acepto. Prima facie resultaría un caso común (en realidad este tipo de casos son los que más se juzgan) pero lo que resulta interesante es que la misma fiscalía se retracto de pedir la medida de aseguramiento, arguyendo que era un “delincuente primario” (según la fiscal no tenía antecedentes y al parecer era la primera vez que se veía envuelto en una situación como ésta), el defensor sostuvo la misma teoría de la fiscalía. En este sentido, es evidente el cumplimiento del Art 2 del Código de Procedimiento Penal en donde se expresa el derecho al respeto de la libertad, la única manera de restringirla es a través de una orden judicial por motivos definidos por la ley. Al observar esto pensé en que en esta primera audiencia se cumplió unas de las garantías procesales que más estaba interesado en observar, entonces el artículo al parecer y por lo observado en la audiencia era eficaz instrumentalmente.

Mientras salían los actores de la sala,  escuche a la fiscal que en diez minutos tenía otro caso, decidí esperar en la sala. Pasados esos diez minutos, entro un habitante de la calle. El hombre entro y se sentó en “el banquillo de los acusados”, cinco minutos después de esto, entro la fiscal y un representante de la personería de Bogotá. Me pregunté ¿Y el defensor de aquel hombre donde está? La fiscal dijo ya viene el abogado del señor. A los pocos minutos entro el mismo abogado que había defendido al joven de la audiencia anterior; no saludó al “habitante de la calle” y se hizo lejos de él, -“valiente defensor”-, eso no era respeto a la dignidad humana, porque si, a pesar de aquel hombre ser un “indigente” no deja de ser humano (valga la aclaración).

Posterior a esto la fiscal le dice a la juez que la designación del defensor se dio de manera extraordinaria, que ningún defensor público se encontraba disponible en ese momento y que el “gentil” abogado iba a hacer el favor de actuar como defensor en el proceso. El hombre expreso que no tenía con que pagarle al abogado, en este sentido la juez indaga al defensor si se declaraba abogado de confianza o de oficio, después de un espacio dubitativo y de haber cambiando de posición varias veces, acordó hacerlo como abogado de confianza. De inmediato (para beneficio del acusado) el representante de la personería de Bogotá toma la palabra, expone que la audiencia no se debe realizar en la medida que el abogado no tiene ningún conocimiento del caso, el acusado no tiene como pagarle al abogado en caso que este se le dé por cobrarle dinero en razón de su defensa y que en todo caso el Estado colombiano está en la OBLIGACIÓN de asignarle un abogado de oficio, así pues si esto no se hace se violan derechos legales y constitucionales. La juez entonces, interrumpe el proceso hasta que se le asigne un abogado de oficio al acusado. Aunque la juez haya decidido eso, no se me salió de la cabeza qué hubiera pasado si el representante de la personería no hubiera intervenido, a pesar de los tratos irrespetuosos que el defensor le dio a su representado, a pesar de la expresa incapacidad monetaria para costear los gastos de un abogado de confianza ¿se hubiera interrumpido el proceso?

Dos casos que contrastan,  donde en el primero de manera vehemente se dan las garantías procesales de los acusados, en el segundo donde a duras penas se da el respeto de las mismas, como si fuera una limosna acceder a la justicia, una desigualdad arraigada en el aspecto físico de la persona. ¡Pobre de aquel hombre si el personero no hubiera intervenido!

Cheshire – David Jiménez

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