Posteado por: aliciaenelpaisdelasmascarillas | marzo 26, 2010

Perdido entre las reglas del sistema penal

Este es el recuento de un viaje que hice hacia el centro de la ciudad, hacia los edificios de ladrillo que diariamente ven morir o renacer sueños. ¿Aún perdido?… es paradójico saber que este misterioso terreno está ubicado cerca a uno de los lugares que permite abastecer a miles de bocas, de frutas, verduras, carnes, cereales; y es que la paradoja reside en el hecho de que entre los ladrillos lo que más se ven son personas que poco o nada tienen para asegurarse la comida, que en Colombia sobra. ¿Aún perdido? …

Los edificios de ladrillos son los juzgados de palomaquemado, ubicados a pocos metros de la carrera 30 en Bogotá, en donde pasan carros costos, transmilenio y hasta zorras. Lo más preocupante es que en esta importante troncal, el sonido de los pitos de los carros se confunde con el ruido que viene del caño, porque de debajo de cada uno de sus puentes emanan voces de auxilios, voces de habitantes de la calle que se camuflan dentro del ambiguo pasaje de la urbe.

Se preguntarán que tiene que ver esta historia de la ambigüedad de la sociedad colombiana con el tema propuesto para discusión hoy en el blog, tranquilos todo tiene su lógica y es aquí donde empiezo a explicarla. Una de las personas que va en esos carros lujosos que pasan por la 30 desapercibidos con la ventana abajo decide interponer cargos contra uno de esas voces que salen de debajo del puente; la razón: hurto de un celular.

En Colombia este delito puede conllevar entre 3 a 8 años de prisión, si se lleva a cabo con violencia sobre las cosas, o cuando se coloca a la víctima en condiciones de indefensión o inferioridad o cuando se saca provecho de tales condiciones, entre otros agravantes que no son relevantes en esta historia pero que también están contemplados en el código penal colombiano.

Dentro del edificio de ladrillo se supone que la historia de la ambigüedad de las realidades de la urbe iba a ser diferente, porque todos somos “iguales” ante la ley, así que supuestamente en la audiencia o al menos en la defensa no se debería notar quien era la voz del puente y quién el ciudadano que iba en el carro. Pero estas diferencias saltaron a la vista una vez empezó la audiencia. No era el tipo de ropa lo que los distinguía, había algo más que aún no lograba descifrar…

Tal vez era el tono con el que los abogados hablaban, pero faltaba algo más… ¡Bingo! Era aquello que llamamos presunción de inocencia. La voz de la calle decidió no aceptar los cargos que el juez le imputaba y su abogado de oficio a pesar de no estar de acuerdo no tuvo más que aceptar la decisión de su cliente. Cliente, que al parecer ni entendía de lo que le estaban hablando, ni quería entenderlo porque simplemente creía eso que estaba diciendo el juez, los cargos que decían imputarle, y la jerga del abogado de oficio, no estaban hechos para una persona como él que escasamente había cursado primaria y que definitivamente no comprendía ni creía el significado de la palabra justicia.

Como decidió no aceptar los cargos y la dirección de su “hogar” era Cra 30 con el primer puente cercano al carrefour de la 19, el juez decidió darle una medida de aseguramiento, es decir que estaría en prisión hasta que el juicio se llevara a cabo y se declarara su culpabilidad o su inocencia. Aunque para muchos suena extraño el hecho de que pongan preso a alguien por meras sospechas; aquí lo realmente preocupante era el tono con que el juez le hablaba al ser que es un reflejo de la condición de casi 8 millones de compatriotas. Frases como “es que si lo dejamos suelto usted es un peligro para la sociedad” demuestran que a pesar de que en el papel todos somos iguales, ni en la realidad ni entre los ladrillos en que se desarrolla el derecho este lema es verdad.

Pero no está únicamente en juego el principio rector de la igualdad, la buena fe de la que se debe partir simplemente no existió en este caso, como no existe muchas veces cuando juzgamos a los habitantes de la calle y vamos en nuestros carros. Pero es aún más grave cuando este lineamiento no se cumple dentro de nuestro sistema penal y las autoridades “competentes” que se suponen conocen todo el derecho de nuestra patria lo pasa por alto, sólo porque los afectados en este caso son personas que viven en la calle. ¿Le hablaría así un juez a una persona como usted o como yo que sabe que como mínimo tiene el bachillerato y muy seguramente es profesional? Peor aún ¿Le habla así un juez a uno de los senadores que está en procesos por conexiones con los paramilitares?

¿Aún perdido?… No se preocupe yo también, porque es increíble que el sistema penal no trate igual a todos y que viole principios del derecho tan básicos como el de la buena fe, principios que nos aseguran la transparencia de nuestro sistema penal.

Reina de Corazones – Juana Martínez

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Responses

  1. Como penalista casi que me resulta risible lo que dices, no porque tenga algo jocoso o carezca de seriedad, menos porque no merezcas toda el respeto por lo que dices, sino porque es como si hablases algo así como. “para caminar se necesita quien lo haga y una superficie para hacerlo” así es, es lógico, es ridiculamente lógico, pero a pesar de serlo tanto, son pocos los que, como tú, se dedican por un momento a pensar en ello, y aún más paradojico es que lo haga alguien que se dedica a la “justicia”. Ese valor base de la realización de la sociedad, sin la cual solo impera la ley del más fuerte en esta jungla de cemento y gracias a lo cual tal expresión resulta tan extraña a un producto social como ese indigente, como hablarle de la ley de la relatividad. Casualmente y como a la imaginación de un trovador, cae esta expresión relatividad, eso es lo que permite decir que aquí todos somos iguales ante la justicia. Hace un tiempo alguien dijo que lo que pasa es que algunos son más iguales. Yo digo que la igualdad es relativa al individuo y aquí podemos tomar otra frase de la jerga popular, tal vez la positivizó un pasillo, “amigo cuanto tienes cuanto vales?…”. Estos elementos, me parece, nos aportan los factores de la formula. IAJ= a VSI = $. IAJ, igualdad ante la justicia; VSI, valor social individual; $, valor del individuo. Al contrario que las formulas matemáticas esta acepta diferentes contenidos de los factores, sin que se varie la formula ni el resultado.


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