Posteado por: aliciaenelpaisdelasmascarillas | agosto 30, 2010

Mejor comer pulpo y no matar personas

Mejor comer pulpo y no matar personas

La semana pasada fui a comer a Wok con unas amigas. Cuando llegaron los platos, alguien que había pedido algún plato con frutos del mar comentó que esperaba que su plato no incluyera pulpo. Sorprendida, pues a mí me encanta el pulpo, pregunté que por qué (y que me lo regalara si era el caso)   y ella respondió que había leído que los pulpos eran animales verdaderamente inteligentes y que se sentía incapaz de comerse a algo tan parecido a ella. (De hecho, encontré un artículo en Scientific Smerican que lo confirma). A modo de chiste, respondí – impulsivamente – preguntándole si entonces se comería a una persona que considerara poco inteligente. Nuestra conversación se desvió hacia la antropofagia, pero quisiera rescatar aquello de no comer pulpos, por ser inteligentes y en cambio considerar comer personas que a nuestro juicio no sean brillantes.

Creo que, para empezar, lo que hace que de pronto evitemos comer pulpo, perros o delfines es quizá que nos sentimos, de algún modo, más cercanos a ellos que a una vaca o a una gallina (personalmente, detesto a las gallinas). Existe cierto vínculo de “iguales” entre nosotros y ellos, ya sea porque tenemos un “Toby” en casa o sintamos un especial cariño por La Sirenita. Esto explicaría, quizás, que mucha gente condene a los chinos por comer perro (y caballitos de mar).

Por otro lado, no explica por qué entonces matamos gente. Quiero decir: ¿por qué nos acostumbramos a ver indigentes en la calle apenas vestidos con harapos, por qué lo que nos molesta de los chinos es que coman perro y no (sin que sean los únicos que lo hagan) las pésimas condiciones de vida del obrero promedio, por qué vecinos de toda la vida se matan en las comunas de Medellín? Creo que porque no nos reconocemos como igualmente inteligentes (sensibles, valiosos) sino que preferimos a Toby o al pulpo y preferimos eliminar las diferencias a bala a considerar que, de pronto, esa cosa con ojos, nariz y boca pueda ser, quizá, como yo.

Inteligente– egos aparte –  fue entonces la característica común que mi amiga y yo usamos para  identificamos con el pulpo y distanciarnos de otras personas. Si, así de fácil como un viernes en Wok es que me encontré de frente con la discriminación, la diferenciación, el holocausto, la línea de Gaza, la Comuna 13.

Las soluciones que, a mi modo de ver, son ejemplares al respecto son aquellas que logran poner a los diferentes en un mismo equipo, en una misma orquesta, en una situación en que tengan que trabajar unidos por un fin común. La orquesta de Daniel Baremboim, que estuvo en Bogotá hace poco, o las orquestas juveniles del Maestro Abreu en Venezuela son perfectos ejemplos de esto. Toman personas de diferentes trasfondos políticos, sociales y culturales – trasfondos opuestos e incluso enemigos – les dan una característica común: tocar violín, un fin común: que suene la 5ta Sinfonía de Beethoven y, de pronto, de pronto ya no pueden darse el lujo de ser diferentes y ser enemigos. Las probabilidades de que, una vez hayan tocado y trabajado juntos, vuelvan a la calle y se maten son menores. Son como las probabilidades de que usted se coma a su perro (o a un pulpo) luego de haber experimentado su inteligencia al ver que, en efecto, le trajo la pelota.

Oruga

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Responses

  1. Cierto todo lo que dices, lo comparto y además me encanta como lo dices. Pero añado, es la intuición de nuestra propia debilidad e inseguridad en el grupo lo que nos hace unirnos a él. Sabemos que nuestra grandeza sólo es posible siendo parte del todo. Por esa conciencia del deseo de crecer somos capaces de unirnos a lo mas divergente.
    Con respecto al perro, la muestra de inteligencia justifica nuestra compasión, en el sentido psicológico del término, y nos conmueve cuando éste la utiliza para obedecer. En el momento en el que los perros, como especie inteligente decidieran cambiar a su mejor amigo, que en cualquier momento puede traicionarlo y dejarlo en la perrera, y no se sometieran a nuestras órdenes, supongo que dado el caso, y si el platillo lo preparara Ferrán Adriá, no tendríamos inconveniente en comérnoslo.
    Yo por ejemplo, como buena gallega como ¨pulpo a la gallega¨, generaciones de mis antepasados lo han hecho y creo, por lo bueno que está y los valores nutritivos que aporta, seguiré haciéndolo. No me atrevería sin embargo a comerme a otro gallego…
    Ahora en serio. Comparto totalmente la premisa
    ¨Mejor comer pulpo y no matar a las personas¨. pero añado: ¨Mejor desarrollar una ¨eco-conciencia social¨ es decir ahorremos en conflictos sociales y disminuiremos el desgaste personal.


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