Posteado por: aliciaenelpaisdelasmascarillas | octubre 6, 2010

Rico es a bueno como Milo caliente a noche fría – Después de todo, Mastercard tenía razón.

Rico es a bueno como Milo caliente a noche fría – Después de todo, Mastercard tenía razón.

“Lo bueno de la rosca es estar en ella” dicen por ahí, y yo no podría estar más de acuerdo. Es más sostengo que, muy en el fondo de nosotros, tenemos una natural inclinación a querer pertenecer a la rosca, a ser ricos (no necesariamente millonarios). ¿Por qué? Porque pertenecer a la rosca y tener plata es una forma de abrir puertas, de ser independientes – Aristóteles dijo que solo siendo verdaderamente independientes se alcanza la felicidad – de poder decirle al jefe: “¿Sabe qué? No me grite más! Renuncio.” Y luego de tan osada declaración invitar al novio /a a comer a un buen restaurante. ¿Sería increíble, no?)

Pero estarán los que me digan que no sea superficial, que las mejores cosas de la vida no vienen con el dinero, que no hay como la compañía de la familia, de los amigos, de una buena tarde de sol en el campo, etc. Y yo no podría estar más de acuerdo, pero detrás de esos “pequeños placeres de las vida” siempre hay un telón de mediana seguridad económica. Veamos: Imagínese estar con su familia en su casa en una noche de lluvia, todos arrunchados en alguna esquina caliente. ¿Siente el calor familiar? Ahora, eso presupone que usted está abrigado, probablemente hay una taza de nutritivo Milo por ahí humeando, etc. En cambio, imagínese que su papá (o usted, si es el caso) es desempleado, no tiene comida, vive en ciudad Bolívar, y la lluvia y el viento se entran por cualquier esquina. Cambio la imagen, ¿verdad?. Ya no es un pequeño placer de la vida: Ahora los niños pequeños lloran y le juro que la mamá, agotada, está algo cascarrabias y agua la belleza del momento.

Otro placer de la vida: Día de sol en una laguna cerca a la ciudad, amigos, de pronto una lancha, etc. Ahora, ¿qué hay detrás? Calcule peajes y gasolina (o las flotas), los almuerzos y las onces del final, el alquiler de la lancha – si es suya, haga la cuenta de la inversión que ha hecho con anterioridad -, la entrada al parque natural. En cambio, si usted es un campesino de la zona, me dirá, vive allí todos los días y no paga nada de lo anterior. ¡Seguro! Pero entonces ya no es el “placer excepcional” de un paseo, sino la cotidianidad. Para él, el placer sería ir a pasear por las Aguas, cotidianidad de muchos de nosotros, y probablemente lo haga con muy poca frecuencia, por los peajes, almuerzos, flotas, etc. No son planes de millonarios, pero no lo puede hacer cualquiera, menos en este país.

Último ejemplo: Me dirán que bueno, que en todas las actividades anteriores se necesita de cosas externas, que en cambio es posible hacer cosas por sí mismo y disfrutar de ellas. Bien, de acuerdo. Al fin de cuentas los niños juegan en todas partes, en lugares y condiciones en donde nadie quisiera que siquiera estuvieran. Pero luego crecen y, aún para ser artista – máximo paradigma del que es feliz por sí mismo- se necesita plata para el lienzo, la pintura, el instrumento. Comer – son hippies y flacos pero, les aseguro que comen-.

¿A qué voy? A que Mastercard tiene toda la razón. Primero, los “gadjets” luego el “priceless”. Para disfrutar verdaderamente de algo, creo, es necesario no tenerlo todos los días y para adquirir algo esporádicamente se necesita dinero. Y de ese hay poco.

Entonces ¿qué estoy diciendo? ¿Que hay que ser rico en detrimento de los pobres? No, para nada. Creo que hay que tener la oportunidad de ser rico, de tener educación, de tener una mínima calidad de vida garantizada, y que, si uno se esfuerza y la suerte lo acompaña –claro, porque la suerte es crucial aquí – uno pueda llegar a ser rico. El self-made man del típico american dream- por eso en ese cuadro lo llaman la tierra de las oportunidades.

¿Por qué? Porque creo que es más fácil tenerle fe a una sociedad que me va a permitir triunfar y alcanzar lo que quiero. Y lo que quiero es mi bienestar y el de los que me rodean (en varios grados de lejanía), claro que quiero una sociedad igualitaria, claro que quiero que nadie se muera de hambre, pero en el fondo también quiero poder pegarme el paseíto a Cartagena una vez al año.  Entonces tenerle fe a la sociedad porque siento que ella me va a apoyar a mí es la mejor forma de evitar que yo misma boicotee la sociedad. Yo no quiero ser igual al resto, yo quiero que me dejen ser  y hacer lo que quiero.

Oruga

PS: Es posible que haya exageraciones en este texto que no deben ser tomadas literalmente.

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