Posteado por: aliciaenelpaisdelasmascarillas | noviembre 19, 2010

La embajada Americana a través de una bocina.

Llegue en flota hasta la avenida “La des-Esperanza” y ahí estaba el flameante búnker, la embajada que todos los colombianos referencian: la gringa. Al llegar a una esquina el camino se partía en dos. En un letrero decía Ciudadanos y Residentes Estadounidenses y señalaba a la derecha y en la otra decía: Solicitud de visas señalando a la izquierda.

Naturalmente me dirigí a la segunda. Allí en la fila me esperaban mis papas y mi hermana que habían estado haciendo fila desde hace 30 minutos. Se sentía frio. Apenas llegue me dieron el formulario y me dijeron “mira que todos los documentos del formulario estén en orden”…

Todo estaba cuidadosamente diseñado para separar a “la prole” colombiana del jardín, el lago artificial y las camionetas blindadas que estaban dentro de la embajada por medio de una reja de 3 metros de alto de color negro metal.

Debido a la extraordinaria demanda para entrar “Los diplomáticos” decidieron repartirla y marcarla por números: del 1 a 4. La demanda era siempre abundante, y así lo había sido durante décadas, guiada por una lógica extraña que producía un aumento de la demanda de colombianos que solicitan la visa directamente proporcional a los niveles de desprecio que los gringos sentían por estos.

La fila fue avanzando lento debido a la cantidad de personas. Después de todo ese tiempo; ya llevábamos otros 50 minutos, habíamos alcanzado la mitad de la fila. Ya se acercaba la ansiada portería, custodiada por un escuadrón de porteros fieramente entrenados, tres maquinas detectoras de metales y un scanner de maletas.

Estábamos cerca de la portería cuando una alharaca emanó de una bocina ubicada al lado de la reja, pero del lado interno de la embajada, decía algo así como: “Por favor tengan sus papeles a la  mano con foto y pasaporte, no queremos torpedear el proceso una vez más”. Inmediatamente nos afanamos a tener los papeles en lista.

Posteriormente debía pasar una delegada de la embajada a darnos el visto de bueno, si no lo daba debíamos volver a hacer la fila, o nunca más volver.

Se presentó una funcionaria que nos preguntó de manera despectiva: –¿ya les revisaron?, nosotros enseguida asentimos. Pero esta empleada nos pidió mostrar otra vez los papeles, que  ya habían pasado por numerosos filtros oficiales, y nos dijo ensimismada en su capricho: –Lo siento, pero la foto del señor está mal (señalando la de mi padre). No se le ven bien las orejas. (Supongo que era la única que opinaba eso)

No quedo otra alternativa que esperarlo en la fila hasta que se volviera a sacar una foto en un negocio bastante usurero al lado de la embajada. Permanecimos en la fila.

Sin embargo la funcionaria que nos había denegado la petición en un principio volvió a hacer su ronda y en una de esas nos dijo de manera displicente: les toca ir al final de la fila, si están esperando a alguien ese no es problema mío, sino quieren que les llame a vigilancia! Como último recurso para intimidarnos.

En ese momento mi madre dijo a la empleada: -nos hemos gastado cerca de hora y media haciendo una fila para que nos vengan a devolver hasta el final! Simplemente lo esperamos un momento, ¿le parece?

La señorita de logística, como colombiana obediente y capacitada, sabía de la logística intimidatoria y del procedimiento que hay que aplicar a los revoltosos; por eso nos dio la espalda y se dirigió a la portería. Estando allí desato su ira hacia sus rebeldes compatriotas y como si entonara una canción de Marbelle en una cantina dijo: “En este momento tenemos parada la fila 1 hasta que las personas que están haciendo desorden no se muevan hasta el final de la fila”.

Esa era la manera de convertir eso en una orden pastoral, la manera de guiar a las ovejas, nosotros como ovejas negras debíamos ser encaminados al rincón de castigo. Porque el poder se trata de como gobernar a los otros…

Las miradas de la masa expectante se dirigieron inmediatamente hacia nosotros, “los rebeldes” (que paulatinamente nos íbamos convirtiendo en potenciales terroristas), estábamos obstruyendo sus ambiciones de “american dream” o de conocer al pato Donald en los parques de Orlando, y por tanto, estaban decididos a aplicarnos el arma inquisidora de una mirada solapada acompañada de murmullos confusos, con tal de que obedeciéramos a la bocina… Hicimos caso omiso de la orden y nos mantuvimos inmutables en ese sitio, aguantándonos las miradas cortantes de ese leviatán hipócrita que empezaba a inquietarse y a pedirnos la salida de la fila.

En ese instante vimos como se desplegaba el escuadrón de porteros a ladrarnos para que dejáramos la fila, si no queríamos desatar la inmisericorde ira de las cámaras vigilantes. Nos ofuscamos y nos entro una rabia visceral impresionante que nos impulsaba a botar todos los papeles y tomar un taxi para nunca volver a las tierras del Tío Sam

Pero la necesidad de la visa para visitar un familiar querido  y el dinero ya invertido nos obligo a seguir haciendo la fila, el poder simbólico ejercido sobre nosotros había acaparado los terrenos del cálculo racional costo/beneficio y decidimos que lo mejor era volver a hacer la fila. Valía la pena…

Empezó a llover, como si la ira desatada fuera ahora divina, como si el todopoderoso estuviera ahora del lado de los todo-poderosos. Para ese momento la bocina se había convertido en una barrera más eficaz que la misma reja, premiando con un boleto de entrada a los obedientes y mandando al final, a los desobedientes siempre con los alaridos “Hasta que no se vayan las personas desordenadas al final de la fila no seguiremos”.

Ya para ese entonces llego mi papá con la nueva foto. Pero ya estábamos en los últimos puestos.

Finalmente entramos por el filtro de los porteros, vimos como de manera indulgente nos abordaban a todos. Uno de los celadores ladró: -es que como son  de brutos! se les dice que se les quiten las cosas en la fila, por qué no hacen caso? que verraquera! La señora de tercera edad a la cual le fue descargado todo el sermón del portero se vio simplemente humillada, pero se aguanto, el fin valía la pena.

Pasado aquello nos encontramos con una nueva fila, ésta ya más pequeña, aquí esperamos, como todos los mortales, mientras sacábamos el paraguas para protegernos de la lluvia. No obstante, como la ley es para los profanos, se escucharon pasos de tacones, y la fila se abrió paso a la fuerza con el apoyo de los obedientes encargados de logística: Era una señora de esas que se hacen llamar “distinguidísima” y su esposo con un cierto tufo a whisky añejado, pasaron por delante de todo mundo, dado que su afán sí era algo que no podía dar espera. Todos nos lo aguantamos, una vez más, porque valía la pena…

Esperamos en la penúltima fila que nos quedaba. Para llegar al frente de una cabina con una ventana polarizada de por lo menos 10 cm. La comunicación era telefónica dado que el principal objetivo de la ventana era evitar que las babas hispanas salpicaran y quemaran a la señora. Después de eso nos dieron un sticker con un código de barras y nos hicieron tomarnos las huellas dactilares, ya podíamos pasar por la máquina registradora y solo faltaba que nos empacaran. El sello “aprobado” era la sentencia final…

Solo faltaba pagar la entrega domiciliaria del pasaporte; en la que una señora que se encontraba llenando el formulario y el funcionario, que conocía bien la fuerza de la disciplina, le dijo: -debe llenarlo en las mesitas al lado de la cafetería. La señora le dijo: -pero solo me falta una cosita. El señor de manera vertiginosa abalanzó su dedo índice sobre su presa, y la bombardeó con su dedo diciendo: le falta esto, esto y esto… aaaa y esto también. Devuélvase! La señora lo hizo, porque valía la pena.

Llevados por la inercia de la fila pasó un diplomático, de la embajada y encontró que la mejor manera de pasar a comprar una donut en la tienda de la embajada era acortando el camino atravesando irrumpiendo fila de los subdesarrollados que hacían la fila. Utilizando su circular panza cual machete en la jungla para abrirse camino ante la maleza de colombianos que obstruían la rosquilla de su boca, Dijo: Excuse me!! Y se dispuso a empujarme junto a otros compatriota que corrió con la misma suerte mía… logrando así su cometido. En ese momento al final pensé ¿Todo esto lo pase por delante por qué valía la pena?

El Dodo.

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Responses

  1. Nada que no haya escuchado antes… suele suceder y aún más si eres colombiano.
    Arriésgate a conseguir la nacionalidad Italiana, con ella accederás a toda Europa y no seguirás lamentandote por los gringos!

    • Como siempre recibo de muy buena manera los comentarios que todos los lectors dejen.
      Sin embargo pienso que aquí el tema no es de resignación, ni de lamentación. Es de un gran cuestionamiento a si al final todo esto sirve.

      No dejaría mi nacionalidad, es más siendo sincero no creo mucho en esas marcas, siempre llevaré la bandera de una crítica desmedida y puede que inocua, pero que cumpla su cometido.

  2. Eres lo máximo Dodo!!!

  3. Fresco que Wikileaks, esta publicando la realidad de ese imperio en decadencia. http://www.elpais.com/documentossecretos/#frase_eskup


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