Posteado por: aliciaenelpaisdelasmascarillas | diciembre 1, 2010

Messenger se toma el diccionario

Messenger se toma el diccionario


Esta semana, en la feria del libro de Guadalajara, uno de los eventos más importantes de la lengua española, se presentó la reforma a la ortografía de la lengua. Entre otros, se “unificó” el nombre de algunas letras (ya no es B larga, sino solo b; la v se llama uve), le quitaron la tilde a sólo y también a la ó entre número y la ch y la Ll ya no son letras – aunque hace rato habían sido informalmente degradadas. Quitando algunas reglas o arbitrariedades, se pretende facilitar el idioma y acercarlo más a nosotros, sus usuarios: las generaciones que lo usamos tanto para chatear como para hablar.

Parte de los motivos para esta “revisión” es hacer de la lengua española más práctica y accesible. Las reformas, sin embargo no son imperativas, pues siendo que es ya el 3er idioma más hablado del mundo es de esperar que haya diferencias en la forma como lo usan sus casi 450 millones de hablantes.

Sin embargo, me pregunto hasta qué punto deberían la RAE y las demás academias ceder ante la simplificación – incluso sistemática blasfemia – que hacemos diariamente del idioma. No sé si dejar que Iraq se vuelva Irak es reconocer la victoria norteamericana, si quitar esa “q” sonora no es perder algo de las Mil y una noches reflejadas en ese nombre, quitarle el turbante al sultán. No sé si decir que el cero (0) y la o son diferentes tiene sentido usando Word, pero escribiendo a mano o en wordpress, señalar que la gaseosa vale o 1200 o (ó) 1300 puede pasar a ser que vale 120001300. Definitivamente una fortuna. Pero, ¿quién escribe a mano hoy en día?

Está bien, es una exageración. Pero mi pregunta es si, por ser eficientes, no estamos perdiendo sutilezas semánticas que tienen algo de bonito y ritual. Personalmente, es en los rituales – muchos inútiles e ineficientes – en donde encuentro mucho placer.

¿Qué diría un japonés si le decimos que no moleste con su ceremonia del té que tarda horas y años de práctica, que es tan sencillo como meter el pocillo al microondas y echar una bolsita con aromáticas en el pocillo? Con seguridad saca una espada samurái y nos corta la cabeza. Diríamos lo mismo nosotros – latinos apasionados – si nos dicen, ¿Sabe qué? Deje el coqueteo de lado y vaya al grano. Olvídese de dedicar canciones, sufrir de insomnio, descubrir que lleva media hora pensando en esa persona cuando debería haber estado trabajando. Deje de hacer indirectas que nadie salvo usted entiende.  Nos da un ataque – me da un ataque.

O el café, el desayuno – la mejor comida del día. Podríamos olvidarnos del desastre de hacer la masa de los waffles o de enmelocotar el plato con mermelada y mantequilla, de llenar la cocina de polvo de café. Es más fácil comprar una malteada proteica que nutra por igual – mejor, probablemente – y ya.  (Podríamos olvidarnos de sentir el sabor de un chocolate derritiéndose en la boca… es poco útil, en últimas)

O los modales. Da, lo mismo quién pasa primero por la puerta, todos pasarán. Si se trata de comer, en últimas el resultado es el mismo si se usa cuchillo y tenedor o no. En casos concretos – como que la papa no se parte con cuchillo- se trata de simbolizar que hay un acuerdo entre nosotros, los presentes, y que como señal de respeto y reconocimiento del otro, vamos a cumplirlo, y la papa no se parte con cuchillo y el arroz no se empuja.

Es, obviamente, mucho más práctico y rápido decir q + en vez de “qué más” o nose en vez de “no sé”, mas sin embargo (nótese el uso de los “mases”) hay una diferencia. Hay una diferencia en el esfuerzo que se pone en ello, en el empeño y el cuidado que se pone en encontrar la palabra adecuada. Ese empeño es, para mí, un intento por decirle al interlocutor: “Estimadísimo, me parece que usted y mi conversación con usted son dignos de que yo haga un esfuerzo por ser correcto y preciso en lo que le quiero decir.” Así, resulta que no es lo mismo decirle a una niña “te ves bien” a “estás bonita”, “eres una bacana” o “te quiero”. No es lo mismo “estuvo chévere” que “estuvo maravilloso” o “fue mágico”, no es lo mismo decir pobre que paupérrimo.

Me asusta pensar que, impulsados por el intento de tolerar el pobre uso que hacemos del idioma- y me incluyo- terminemos por patrocinar el uso paupérrimo. Estoy exagerando. Pero quizá la próxima reforma sea permitir el uso discriminado de la c, la s y la z (a fin de cuentas cada vez son menos a quiénes les importa), quitar las tildes y anular la Ñ – no todos los teclados la tienen. Quizá se llegue incluso a retirar las comas – es raro ver comas en msn -. De pronto la palabra “dicha” se cambie por 🙂 y “triste” por 😦 y el llanto por un “buaaa”.

Volví a exagerar, lo admito. Admito también que soy corriente usuaria de las onomatopeyas y que mis discursos virtuales están plagados de emoticones. Pero admito también que tener a la RAE entre mis páginas favoritas y juguetear con palabras como “mayéutica” y “acápite” me divierte y me enorgullece un poco más: así como disfruto el sabor de un inútil chocolate, disfruto de conjugar el verbo andar correctamente: “anduvo”.

Puede ser pura palabrería, hipocondriaquismo idiomático de una oradora decimonónica atrapada en el siglo de la eficiencia. Pero, ¿por qué no reconocer en esos rituales – las tildes, las comas, la ortografía, la gramática – una herencia antigua que, mal que bien, es mucho de lo que somos? ¿Por qué no ver en ello una forma de identidad y de reconocer y respetar al interlocutor?  Es una forma de resistir, resistir a ser un robot más, que sepan quién y qué soy, al menos porque puedo hablar bien, escribir bien. (Hacer poesía, ¿quizá?)

Ya para terminar lo dejo con una última reflexión: la diferencia a la que me refiero es la que existe entre la letra de una canción de Wisin y Yandel y una poesía de Joaquín Sabina o Jorge Drexler (próximamente en concierto en Bogotá). Si bien la primera es una excitante noche de rumba, la segunda invita a volar por el cielo.

 

Oruga

 

 

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Responses

  1. Este tipo de cambios siempre vienen acompañados de todo tipo de reacciones. Sin embargo, soy de la opinión de que es normal que las normas del lenguaje se vayan modificando conforme a los cambios que se produzcan en la sociedad. Hoy en día pocos (o nadie) se lamenta de la pérdida de palabras como “thine,” “thee, “thou,” etc. en el inglés. Más que empobrecer o “atontar” al idioma, esta serie de cambios lo han convertido en un idioma sencillo, el uso del cual permite expresar las ideas de manera directa y el propio sistema de pensamiento asociado al inglés es considerablemente más sencillo que el español.

    Pienso que lo importante es que existan ciertas normas del lenguaje universales, que permitan que dos personas puedan entenderse al comunicarse. Las más recientes modificaciones de la RAE generan ambigüedades (voy solo al cine vs. voy sólo al cine, por ejemplo), pero no son excluyentes. Es decir, que existan o no la Ll y la Ch; que Iraq ahora se escriba Irak; que no haya “dos” Bs, sino una be y una uve no va a imposibilitar que yo me comuniqué vía email con mi abuelo quien, estoy segura, no comprendería el lenguaje del chat con el que se ha ejemplificado este artículo.

    Si el lenguaje es un juego, Wisin y Yandel no lo han aprendido a jugar; desconocen sus reglas y participan como se les antoja. Joaquín Sabina no sólo conoce bien las reglas, sino que juega con elegancia, sin cometer faltas y con creatividad (distinto a jugar al antojo). Las letras de Sabina no van a perder vigencia, no las vamos a dejar de entender del mismo modo en que no vamos a dejar de entender a Shakespeare porque el lenguaje que emplea sea más complejo que el que manejamos hoy en día. Por otro lado, la letra de reggaetón perderá vigencia tan rápido como pierden la popularidad estas canciones- las palabras inventadas por estos personajes no hacen parte de nuestro vocabulario cotidiano, por lo tanto no tienen por dónde infiltrarse a nuestros diccionarios.

    Sin duda el lenguaje se seguirá simplificando a la par que nuestra mentalidad, nuestras estructuras de pensamiento, etc. Por ello será relativamente fácil de asimilar, pues responderá a nuestras necesidades. Por ahora no veo las nuevas normas de la RAE como una pérdida.

    • Paola, muchísimas gracias por tu comentario! Totalmente de acuerdo sobre la evolución del idioma y, sobre todo, sobre la poca trascendencia de las letras de Wisin y Yandel… Mi entrada es, por supuesto, una dramatización y no creo que la RAE haya estropeado el idioma con sus reformas. Es más bien un llamado de atención para cuidar del idioma.

      Saludos y espero que vuelvas a Alicia próximamente,

      Oruga


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