Posteado por: aliciaenelpaisdelasmascarillas | diciembre 8, 2010

Unitasking. ¿Olvidation?

Uni-tasking. ¿Olvidation?

Es absolutamente innegable que el mundo se nos creció. Que tomamos cerveza alemana en un pub inglés, en la mitad de Bogotá, escuchamos música Argentina cantada por un hijo de inmigrantes italianos y que el tipo de la mesa de al lado está hablando en Francés. Alguna vez escuché que una persona del Medioevo recibía tanta información en su vida como la que actualmente hay en una sola edición del New York Times. No creo que sean muchos los que se leen una edición completa del New York Times todos los días de la vida, pero además de leer la primera plana de un periódico usted oye noticias, revisa Facebook y se entera de la vida de sus “amigos”, escucha la radio en el bus, chatea con sus contactos de BB, escucha música, lee, en fin…  Así, aparece ante nosotros la necesidad de asimilar mucha información en muy poco tiempo, como si fuéramos computadores. Aparece también la necesidad de hacer muchas cosas al mismo tiempo. Y rápido. Demasiadas y demasiado, tal vez.

Por ejemplo: En este momento tengo en el explorador Facebook y Youtube abiertos, escucho a Charly García. Antes de empezar a escribir, diseñaba mentalmente esta entrada mientras utilizaba un software de entrenamiento auditivo. Además tengo Skype prendido y mi Black Berry a la izquierda. No los estoy usando, pero están ahí, listos para informarme algo de alguien.  Y, aclaro, estoy “concentrada” y no me siento haciendo muchas cosas. Mi atención está, para mí, enfocada en este escrito. No obstante, una observación detenida revela que estoy haciendo al menos 2 cosas (oyendo música y escribiendo), que tengo unas 3 o 4 vías de escape abiertas y a eso añádale los pensamientos que saltan a mi cabeza sin que yo lo planee: un chiste de fulanito, la conversación por teléfono que están teniendo en el cuarto de al lado, lo que pasó anoche en tal lugar, la cita en la peluquería que siempre se me olvida pedir.

Poder hacer varias cosas a la vez es una gran ventaja. Estudiar cosas absolutamente diferentes sin que se crucen los temas en la cabeza, ser capaces de recordar las mil conversaciones que mantenemos simultáneamente por los 30000 medios de comunicación que manejamos, poder escuchar música con letra y escribir simultáneamente (confieso que esto a mi me cuesta mucho porque tiendo a querer entender la letra), poder pasar de la sagrada lectura de Calvin y Hobbes en el periódico a la última noticia sobre Wikileaks sin hacer corto circuito. Esto es, me parece, una fascinante capacidad de nuestro cerebro – no tengo ni idea cómo funciona. Es como si fuéramos un computador con muchas ventanas abiertas y pudiéramos abrir unas y otras a nuestro arbitrio.

Ahora, mi pregunta es si somos capaces de cerrar todas las ventanas y dejar una sola abierta. Concentrarnos en una sola cosa. Tristemente, he descubierto que poco a poco he perdido esa facultad y que, así como he desarrollado la capacidad de manejar mucha información simultáneamente, no he aprendido a evitar que ésta de repente se prenda cual bombillo, aún siendo impertinente para lo que estoy haciendo. Algo así como cuando aparece la molesta advertencia de la actualización de Java.

Me preocupa porque, así parezca insensato en estos días, hay momentos en que es necesario hacer una sola cosa. En las actividades que requieren precisión y concentración es necesario disminuir el número de revoluciones por segundo de nuestro cerebro y canalizar todo en esa sola actividad, de lo contrario esa actividad queda mal hecha. Me refiero a jugar tenis, ajedrez, tocar un instrumento. Pero también en las actividades que implican cierto placer es necesario poder cerrar las ventanas inútiles: Si estoy en un concierto o en cine, en verdad no quiero pensar en fulanito de tal y lo que dijo y lo que yo debería responder – porque tengo una conversación abierta con él en el Black Berry y estoy infinitamente tentada a sacarlo YA y mandarle mi brillante respuesta. 

Soy capaz de asegurar que Federer, Bill Gates, Baremboim, Vargas Llosa y “las grandes mentes” tienen una capacidad magnífica de manejar mucha información- que les permite ser excelentes en lo que hagan – pero también tienen la capacidad de bloquearla cuando llega el momento y concentrar su poderosísima mente en una sola actividad: jugar tenis, programar, hacer música, escribir. Y es por ello que son excelentes. Asimismo, creo que es con esta misma capacidad con la que en verdad se puede disfrutar de los acontecimientos ordinarios o extraordinarios de la vida: un concierto, una comida, una exposición de Arte, un bonito atardecer. Es esta misma capacidad la que uno aprecia en un interlocutor: alguien que ponga atención, que recuerde lo que se ha dicho que, por favor, no esté teniendo una charla paralela en su mora-negra y pregunte  luego de sonreírle a su pantallita mientras uno intentaba desahogar las frustraciones del alma “¿Qué decías? Es que tenía que responder esto.”

Tal vez todo venga del íntimo deseo de poder contarle a un interlocutor invisible el montón de cosas que hemos hecho (¿de impresionarlo? ), pero es como si tuviéramos que rendirle cuentas a alguien todo el tiempo, como si no nos sintiéramos cómodos en nuestro cuero. Todo esto en detrimento de lo bien que hagamos las cosas, de lo mucho que los disfrutemos, y es eso último, creo, lo que deberíamos poder contarnos a nosotros…

Así, en el transcurso de los 40 minutos que tardé en escribir esto – y para evitar una gigante contradicción entre mis acciones y lo que escribo – cerré Facebook, apagué a Charly García – lo retomaré más tarde- , cerré mi software y cerré Skype (creo que sigue prendido, pero ya no está en una ventana, es un avance). Asimismo, puse el BB detrás del computador y ya no sé en qué va la conversación telefónica de al lado. Eso sí, sigo teniendo montones de pensamientos fugaces.

Para disfrutar el día a día, y ser buena en él, espero poder bloquear mis pop-ups y cookies mentales. Sentarme a escuchar las letras de Charly (ojalá entender el solo de piano), sentarme a hablar con UN buen amigo, sentarme a leer UN libro, hacer UNA cosa que me encante (son vacaciones al fin de cuentas) y hacerla bien. Cerrar ventanas y abrir puertas diría mi abuela  -en otro sentido absolutamente distinto, pero el dicho aplica – : Dejar de hablar con mil personas a medias y dejar entrar a UNA, dejar de leer mil cosas al tiempo y entender una, dejar de pensar en 6000 cosas y disfrutar ESTA, solo porque sé que me encanta.

Ahí queda mi primera meta para el 2011.

Oruga

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