Posteado por: aliciaenelpaisdelasmascarillas | febrero 13, 2011

Egipto: una fábula y su moraleja

Egipto: una fábula y su moraleja

Escribir sobre lo que ha venido pasando en Egipto en las últimas 3 semanas es, no solo un gran reto, sino también una gran osadía. Además, soy casi capaz de afirmar que esto es solo el principio de la historia, que falta ver como se desenvuelve la junta militar, que tanto cumplen las promesas, qué pasa con los musulmanes egipcios, si la revolución es efectiva y mejora la situación social y política, qué tipo de constitución van a escribir, en fin, creo que vamos en el principio. Pero ha sido un principio interesante, ¿no?

Entonces, remontándome muy a lo básico – tan básico que si algún lector quiere corregir, comentar o enriquecer más el tema no sólo está muy bienvenido sino que le pido que me corrija – los datos sobre Egipto son los siguientes:

Mubarak, el líder depuesto, se prolongó en el poder desde 1981 luego de que el presidente Anwar el Sadat fuera asesinado. Mubarak era el vicepresidente en el momento y fue reelegido repetidas veces.
Su gobierno se caracterizó por mantener en armonía las relaciones con Estados Unidos e Israel sin darle la espalda a la posición Árabe, pero manteniéndose al margen del extremismo religioso. Así es como Egipto se ha consolidado como uno de los pilares de la “estabilidad” en Medio Oriente y ha abogado repetidas veces por la resolución del conflicto Israel-Palestina por medios pacíficos. No hay que olvidar, además, que por tener el Canal del Suez, Estados Unidos siempre vio esta posición como favorable y nunca condenó lo que fue consolidándose como una dictadura.

Y es que de hecho, como las fuertes manifestaciones de los últimos días dejan intuir, en Egipto no todo era color de rosas. Si bien es cierto que es uno de  los países árabes más “liberales” los derechos civiles son prácticamente inexistentes y el régimen de Mubarak estuvo siempre respaldado por la actividad de una cruel policía que actuaba arbitrariamente y tenía plena potestad para privar de su libertad a cualquier ciudadano sospechoso. Las prácticas de la policía con sus presos eran, además poco envidiables. (De hecho, Estados Unidos mandaba a varios de sus presos a Egipto…) A esto vale añadir que, en las últimas elecciones a parlamento, que fueron declaradas por observadores internacionales como fraudulentas, a finales del año pasado, la oposición  no ganó ningún escaño. Por si fuera poco, Mubarak anunció que dejaría su cargo para entregárselo a su hijo.

Ahora, otra particularidad sobre el Egipto de los últimos años fue el crecimiento de una clase media bien educada. Resulta, de hecho, que en Egipto están varias de las mejores universidades de África. No obstante, Egipto venía afrontando una fuerte crisis socioeconómica y las tasas de desempleo son altísimas.

Fue precisamente esta nueva generación, educada, la que agobiada por  la pobreza sobreviniente, la falta de cualquier tipo de garantía por parte del Estado, la opresión del régimen y la amenaza de prolongarse la que se tomó Tahrir square (La plaza de la Libertad) y tumbó a Mubarak del poder en 18 días. Fue, según relatan los medios que allí estuvieron, una impresionante labor de solidaridad social, en donde tanto hombres como mujeres actuaron en una actitud de respeto. “No hay ni basura en la calle”, decía un hombre entrevistado por un noticiero.

Sobre los acontecimientos menores de la rebelión no voy a hablar. Básicamente, Mubarak cedió el poder a una junta militar y salió del Cairo. La junta – liderada por uno de los anteriores defensores del régimen – ha prometido liderar la transición defendiendo los principios democráticos, aunque esta mañana pusieron la elaboración de la nueva constitución en suspenso. Estados Unidos, que se había sugerido una transición más lenta y liderada por su antiguo aliado no ha dicho nada aún, aunque ha aplaudido el anhelo de democracia del pueblo egipcio.

Eso es lo que he podido desentrañar de los acontecimientos de las últimas semanas.

Algunas posiciones dicen que Egipto está siguiendo los pasos de la América Latina de los años 80s – harán una nueva constitución, como hicimos en Colombia en el 91 – , otros temen que Egipto caiga en un régimen extremista como el de Iran, que sucedió a la dictadura del Sha y que también empezó como un anhelo de democracia.

Dos breves comentarios al respecto: primero, el mundo es bastante diferente hoy que hace 20 años y es de esperarse que, por ejemplo, los medios de comunicación jueguen un papel definitivo en la transición que espera a Egipto. Por otro lado, el caso de Irán era el de una élite europeizada, un cruel dictador y un pueblo pobre y resentido. En Egipto, en cambio, si bien los principales opositores del régimen si son de una rama extremista islámica, estamos hablando de una gran cantidad de profesionales de clase media, bastante influenciados por la era de Internet. Cabría incluso insinuar que, en los parámetros musulmanes, son un pueblo liberal.

Por ahora, no me atrevo a hacer predicciones comprometedoras. Dado lo anteriormente expuesto, creería (y les deseo a los egipcios) que si todo sale bien, Egipto tiene las herramientas para instaurar una democracia participativa, con una población políticamente activa y capacitada para ello. Ahora, esto está aún por verse.

Por último: ¿qué aprender de esto?

Bogotá, es un desastre- y prometo una próxima entrada al respecto – pero aparentemente los bogotanos nos aguantaremos un año más de Samuel Moreno, de las mil sospechas de que todos los impuestos estén en alguna cuenta en las Islas Caimán – no necesariamente del alcalde, no lo sé, pero puede ser de los contratistas -, de frentes de obras abiertas en todas las esquinas, de trancones de hora y media, del miedo de que nos ataquen el la 19 y tengamos que bajar a las 15 mañana a re-comprar el celular (para no perder los contactos).

¿Y por qué nos vamos a aguantar al alcalde? Porque, desafortunadamente, al bogotano promedio tampoco le importa, Bogotá todavía vive en la indiferencia. Somos pocos los que vivimos, donde las obras y los trancones están. Somos pocos los que hemos verdaderamente perdido calidad de vida con esta administración y somos pocos los que lo sabemos así. Pero cada vez somos más. Mi punto va a que pretender elegir un buen alcalde en una ciudad donde la gran mayoría no tiene educación para poder votar bien ni la calidad de vida suficiente como para que aprecie la necesidad de un buen alcalde– sin pretender hacerle propaganda a ningún candidato – es una bonita ilusión, pero no un hecho.

En Egipto tumbaron al Mubarak cuando ya no tenían nada que perder no había empleo, no había derechos. En Bogotá, aunque todos tenemos mucho que ganar, algunos aún tenemos mucho que perder y el sentar posición es asumir el riesgo de perderlo todo, pero, ¿de verdad se puede peor?. – Mentira, sí que se puede, ¿cuándo empiezan las obras en la 7ma?

No propongo un golpe de Estado- perdón, de Distrito – , solo digo, que los egipcios se demoraron 30 años, nosotros tenemos la oportunidad de hacerlo bien en uno.

Oruga

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