Posteado por: aliciaenelpaisdelasmascarillas | febrero 28, 2011

¿Dónde estaban las Bacrim en vacaciones?

¿Dónde estaban las BACRIM en vacaciones?

En los últimos dos meses los medios y el gobierno han dirigido su atención a las bandas emergentes narcotraficantes que asedian las zonas costeras del país. Así, por ejemplo, el periódico El Tiempo dedicó una buena parte de su sección de crónica del domingo pasado “Debes leer”, a este fenómeno. La magnitud del impacto que estas bandas han tenido en departamentos como Córdoba o en el Urabá, la autoridad de hecho que ostentan y la crueldad de sus miembros es aterradora. Por su parte el Presidente Santos y el Ministro Rivera han hecho varias declaraciones al respecto en los últimos días e, incluso, propuso a la Cruz Roja como mediadora en el proceso de sometimiento a la justicia de sus integrantes.

Parte del problema es que ya no nos encontramos frente a un grupo con cualquier tipo de pretensiones políticas – por mínimas que fueran – en sus fundamentos. Es una gran banda criminal dispuesta a todo con tal de garantizar los corredores de droga. Ya no se trata de entrar a bala y fuego a un territorio y establecer allí una zona de poder donde la población civil se someta a ellos, como en su momento lo hizo la guerrilla. Tampoco se trata de escuadrones informales anti-grupo-armado, que surge como un proyecto de autodefensa y luego se sale de control. Se trata de entrar a bala y fuego y mantener a bala y fuego el tráfico de droga, desplazando a la población civil, reclutando forzosamente a muchachos jóvenes y usando a las mujeres y niñas como objetos de extorsión. (Nótese que la guerrilla no solía reclutar forzosamente, la afiliación era voluntaria – aunque puede ser cierto que en muchos casos fuera la única opción.) Así, son los intereses netamente monetarios de las bandas lo que las hace tan inescrupulosas. Son gente mala, sin más, dispuesta a todo con el fin de mantener el negocio.

Las bandas emergentes surgen de los bandos medios de las AUC, cuyo proceso de desmovilización tuvo su auge al final del Gobierno Uribe – de cuya efectividad o inefectividad no me siento con la autoridad para hablar -. Lo que sí se es que los mandos altos recibieron beneficios penales, los mandos más bajos fueron reinsertados en la sociedad – en las clases más bajas, pero esto no implicaba una “degradación social” pues estaban en la base de la jerarquía paramilitar-  Sin embargo, los mandos medios, perdieron su superioridad jerárquica, no obtuvieron beneficios considerables y eran expertos en el manejo de ejércitos insurgentes, el territorio de Colombia (rural y urbano) y de un millonario negocio. La ecuación está hecha, ¿no? (Revelaciones de wikileaks revelan que esto fue predicho durante el proceso de desmovilización, no sé si se tomaron algún tipo de medidas).

Lo que es cierto es que las bandas crecieron y se consolidaron como pseudo-autoridades locales en territorios de Córdoba, Urabá, Chocó, etc. Mi pregunta es ¿por qué nos enteramos hasta ahora? Lo cierto es que el gobierno lo sabía. Las declaraciones de las diócesis de las zonas en cuestión dejan entrever que las denuncias empezaron hace ya un buen rato y el control de hecho no se consolida de un día para otro. Tuvo que haber habido algún tipo de enfrentamiento, algún tipo de lucha por el poder o, en el peor de los escenarios, algún tipo de negociación con las autoridades locales. Y ese tipo de cosas, aunque hablando de plata y droga pasan rápidamente, no pasan de la noche a la mañana.

 

San Bernardo del Viento. Divino, ¿verdad?

Lo curioso es que para Navidad yo vivía en una maravilla de país – asediado por el invierno pero con excelentes predicciones al corto y largo plazo en lo social y económico y notorias mejorías en materia de seguridad – y dos meses después vivo en lo que bien fácil podría ser el próximo México o el regreso a los años 90. (Irónicamente, en la misma edición del Domingo había un artículo sobre la Guía Michelin de Colombia, próxima a salir, en la que uno de sus promotores hablaba de una suerte de hipocondriaquismo colombiano que evitaba que gozáramos de las maravillas del país.) Las Bacrim eran un tema que iba y venía por el periódico pero no eran mostradas como la amenaza al control del territorio por parte del Estado que hoy efectivamente representan. Tuvieron que matar a 4 estudiantes en enero para que el gobierno y los medios les pusieran la atención que el tema merece – y no de mérito sino de acceso a la información como forma de fomentar la seguridad ciudadana -. El gobierno debía haber advertido que a allá no se podían ir a estudiar, pero (creo) hasta hoy no hay ningún tipo de advertencia formal sobre las zonas peligrosas. También debería haber advertido del peligro que corren los pobladores de la zona para despertar, al menos, una suerte de repudio social  nacional e internacional que, ojalá, de algo sirviera.

Quiero aclarar, sin embargo, que no digo que el “fenómeno” sea “culpa” del gobierno propiamente o de alguien en general. El conflicto colombiano está demasiado arraigado en nosotros y tiene raíces demasiado profundas como para poder señalar al culpable, quemarlo en la hoguera y solucionar todo. Somos una sociedad calada hasta los huesos por la corrupción y la primacía de los intereses particulares sobre los generales y los ejemplos de solidaridad son muchos, pero aparecen siempre luego de inmensas catástrofes, que un verdadero sentimiento de solidaridad  y responsabilidad social habría evitado en un principio.

Creo que tenemos el derecho a saber qué pasa, dónde, cómo, por qué. No para condenar la  gestión de la fuerza pública – porque de hecho creo es admirable en general y la sola idea de que alguien decida como opción de vida enfrentar el conflicto armado es algo que todos deberíamos agradecer con bastante más frecuencia. También creo que la información debe ser publicada  independientemente de la “imagen internacional” que esto pueda generar. Es que hablamos de vidas humanas. Es ante la incapacidad del Estado de cuidarnos del todo – y si, esto debería estar en su capacidad de hacerlo – debemos al menos tener a la mano la información para que podamos hacer nuestra parte. No se trata de estar conformarnos con la situación ni de adaptarnos a ella, se trata de sobrevivir en ella.

Todo esto para decir que en vacaciones yo pensaba que el mayor problema que teníamos era el invierno. Pero ahora resulta que el problema fue que el diluvio se acabó antes de que en él se ahogara el conflicto que sigue evolucionando y asediando a este país…

 

Oruga

 

 

Posdata: Este es el link al especial de El Tiempo:http://www.eltiempo.com/justicia/la-amenaza-de-las-bandas-criminales_8928046-4

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Responses

  1. En Cúcuta y Norte de Santander evidenciamos el nacimiento de las BACRIM incluso antes de los procesos de desmovilización. Allá ni siquiera hubo una desmovilización formal con el estado, sino que se presentó un re-branding de los grupos armados insurgentes.

    Imagínense que los bloques principales paramilitares se liquidaron, y sus miembros se repartieron entre los diferentes capos del narcotráfico de la zona (y algunos crearon sus propias empresas de “seguridad”).

    Yo no creo que el problema haya sido precisamente de falta de denuncia o de contarle al país lo que sucedía. Eso se hizo. Esperar que los cuatro medios más importantes (ET, RCN, CARACOL y, quizás en menor medida, EE) hagan periodismo responsable y sean los primeros en despertar las alarmas en el país, creo yo, ya es pecar de ingenuidad. No lo hacen, no lo harán, simplemente porque no está en su agenda.

    Quizás, sólo quizás, lo que debemos es empezar a darle más importancia a los otros medios de comunicación que sí han venido denunciando esto.

    O quizás es que a Colombia no le interesa, en realidad, salir de sus vacaciones.


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