Posteado por: aliciaenelpaisdelasmascarillas | marzo 25, 2011

El peligro de prohibir

El peligro de prohibir

El otro día oí en radio a la Ministra de cultura hablando sobre el gran éxito que había sido la reglamentación sobre el comercio de arte precolombino. (No conozco bien la norma, pero sé que el único ente autorizado para comprar este tipo de piezas es el Museo del Oro, tampoco se pueden vender a comercializadoras de arte extranjeras.) La Ministra decía que el impacto había sido tan positivo y tan fuerte que ya muy poca gente le compraba a los guaqueros – gente que saquea las tumbas y ruinas arqueológicas de culturas ancestrales y luego venden lo que encuentran- y que eso contribuía a mantener el patrimonio de la nación en buenas manos…

La otra cara de la historia, me la contó un conocido de mi familia nativo de San Agustín, Huila. Gerardo (digamos que se llama así) es un guaquero de profesión.  Gerardo vino a Bogotá hace unos meses, pasó a saludar en la casa y, durante su visita, nos contó que, en realidad los guaqueros no dejaron de explorar y comercializar las piezas precolombinas luego de que salieran las leyes que “restringían” su comercialización. En principio, siempre podrían vendérselas al Museo del Oro para que pasara a ser parte del patrimonio de la nación.

Pero – porque estas historias siempre tienen un pero – resulta que el Museo del Oro ya no está comprando. Tiene solo una pequeña fracción de las piezas que posee en exhibición y está corto de presupuesto.

Los guaqueros entonces a falta de compradores para las piezas se vieron obligados a cambiar la modalidad de venta: ahora las funden y las venden como oro. Se pierden, entonces, piezas invaluables que son patrimonio de la humanidad – no solo de Colombia – y se venden como materia prima, sabiendo que a lo mejor hay en el mundo quien las compre, cuide y aprecie por lo que valen…

Ese es el otro resultado de la maravillosa medida a la que se refería la Ministra y es solo uno de tantos ejemplos donde las políticas terminan creando más problemas de los que pretendían solucionar – ¿sin solucionarlos siquiera?

Lo más triste es que no hay manera de echarles la culpa. Son campesinos comunes y corrientes, con un oficio aprendido, con responsabilidades con sus familias y comunidad. ¨Pero de pronto viene una ley, les cambia el negocio y si el negocio nuevo no funciona ¿qué quieren que hagan?  Los servicios siguen costando, los niños siguen pidiendo comida, el gobierno tampoco les ofrece un oficio nuevo y la plata todavía no crece en los árboles… ah, pero ellos tienen oro.

Otro ejemplo que se me ocurre es lo que probablemente vaya a pasar en el Páramo de San Turbán en Santander, que tanto ha sonado en estos días o en el Archipiélago de San Andrés y Providencia, que fue incluso comentado en este mismo blog.

Básicamente la situación en San Turbán es que hay oro pero es páramo. Una empresa minera internacional solicitó que la dejaran extraerlo, hubo una fuerte reacción civil y mediática en defensa de este importante ecosistema y la autorización fue negada. Hasta ahí todo bien – es hasta bonita la historia.

Ahora, la parte que no sonó tanto en los medios es que aparentemente la autorización que pedía la empresa minera era para explotar oro en territorios a la altura de páramo pero que actualmente son de cultivo papero. Total, que el ecosistema ya se lo habían tirado otros antes. Esto, sin prejuicios de que en el páramo de verdad sí hay oro, pero ahí ellos no se querían meter por todos los problemas que implica trabajar en un ecosistema tan delicado.

¿Qué va a pasar? (creo) que oficialmente en San Turban no se explota el oro y punto. Pero que extraoficialmente todo el país se enteró de que allá hay oro y no faltará el vivo que se quiera ir a meter allá a sacar el oro que haya. ¿Y cómo los vamos a culpar? En el país más desigual de Latinoamérica claro que hay gente pobre, dispuesta a ganarse el pan como sea…

El problema es que no va a haber manera de regular la forma de como lo saquen, de exigir respeto al medio ambiente, de limitar o especificar los químicos o métodos que usen, de garantizar que haya alguna inversión social, y todo porque oficialmente de allá no se saca oro. Porque prohibir algo y simultáneamente decir cómo se puede hacer es contradictorio, por no decir ridículo….

De haber permitido la explotación, en cambio, se habrían podido implementar medidas para controlarla, para que fuera lo menos invasiva posible, lo menos violenta posible.

El caso de las islas es igual. Comunidad raizal, tradicional, pescadores, petróleo. El miedo es que con la llegada de las petroleras el capitalismo occidental se coma la tradición y acabe con eso, además de todos los posibles perjuicios ecológicos que puede tener la explotación indebida.

Las comunidades raizales y varios otros están asustadas con toda razón y se oponen a que lleguen estas empresas. Lo que ellos no tienen en cuenta es que al arrecife le pronostican máximo unos 20 años de vida y, por ende, la cultura raizal que en él se fundamenta también. ¿Por qué? Por la explotación indebida, ilegal y desproporcionada de la pesca.  Y no me refiero a tandas de isleños que pesquen mucho para las fiestas sino a pesqueros japoneses y chinos que vienen a pescar masivamente al Archipiélago, acabando con nuestros recursos.

Una forma de controlar esto – que es la que se viene intentando – es confiscar el pescado, tener patrullas en el mar, etc, pero es este un espacio tan amplio que ha resultado no solo difícil sino inefectivo. Otra opción sería crear un ambiente de explotación legal – por ejemplo de petróleo- con especificaciones de qué se puede y qué no, cómo si, cómo no, cuándo, impuestos, obligación de crear empleos y escuelas para las comunidades, etc. Suena a discurso mockusiano, pero si se legaliza la explotación de recursos se le quita campo a la explotación ilegal. Sería una forma de extender la vida del Archipiélago, alterándola un poco quizá, pero extenderla al fin.

A lo que voy es que hay cosas que no podemos cambiar. La fiebre del oro no es cuento del siglo XVIII. La gente aún tiene la necesidad de trabajar y ganarse la vida y todavía quiere hacerse rica. La legislación debe estar orientada a inventarse formas no-nocivas de que hagan eso. No a prohibir. Prohibir es una forma de cerrarle los ojos a los problemas, negar su existencia y que hagan lo que hagan por debajo.

Oruga

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: