Posteado por: aliciaenelpaisdelasmascarillas | abril 26, 2011

No alcanza ni para el taxi – ni los medicamentos

La situación es absolutamente patética. La Presidencia organiza un foro sobre tierras e invita a líderes regionales de varios rincones del país. Los líderes llegan a contar sus historias dolorosas, sinceras, propias; historias que deberían ser de todos. Las cámaras disparan furiosamente, aplausos van y vienen. Son distribuidos por distintos hoteles en el centro de Bogotá, y son dejados ahí. Literalmente, dejados ahí. Las personas que vinieron a ser aplaudidas y a conmover momentáneamente auditorios son depositadas en un hotel, en una ciudad que a duras penas conocen, para que “pidan un taxi” y lleguen al aeropuerto. Muy comedidamente el Gobierno Nacional les facilitó los pasajes para venir al foro y regresar a su tierrita. Sólo se les olvidó proveerles con qué llegar al aeropuerto. Dado que Transmilenio aún no ha sido inaugurado por la 26 (y parece que al aeropuerto llegará en el 2020), la única opción que les queda es irse en bus o en taxi a tomar su avión. ¿Por qué asumen los funcionarios que estos lideres que tanto admiramos tienen suficiente en sus bolsillos como para pagar los 20,000 que vale llegar al aeropuerto? Peor aún ¿ por qué asumen que deberían irse en bus si no tienen con qué pagar el taxi? Pues bien, esa fue la respuesta del funcionario responsable de la logística del evento. Mientras tanto, pasan los minutos y más de 5 líderes siguen sin poder llegar al aeropuerto a tomar el vuelo que los llevará de regreso de un evento al cual fueron invitados.

Situación dos: En algún lugar entre Belén y Soatá, aguarda un campesino y su hijo bajo la lluvia. Están esperando que pase la buseta que los llevará al hospital de Soatá a ver a su esposa quien desde hace tres días ha estado enferma. Paramos en la vía a recogerlos, y resulta que el hombre vive a hora y media a pie de la carretera, y había tenido que bajar a su esposa en la carreta de la leche, llevarla a Belén en Colectivo, sólo para serle negado el servicio porque su carnet del Sisbén no era de ese municipio y allá no lo podían atender. Así que al campesino no le quedó más remedio que “echar a su señora a la ambulancia” para que la llevaran a Soatá.

Resulta que por algún cambio que no pudimos identificar, la familia cambió de nivel en el Sisbén, y ahora no le cubría los medicamentos que eran requeridos. En el camino, ” se le entumió”  toda una parte del cuerpo y ya no podía moverse. El hijo acaba de cumplir once años, nosotros, sin saber qué hacer ante ese panorama y sabiendo que realmente no cambiaba nada a largo plazo – más allá de un recuerdo grato – le dimos un paquete de chocolatinas jet cuando se estaban bajando del carro. El señor se metió la mano entre la ruana y nos preguntó que cuánto debía. Cuando lo miré con asombro y le dije que nada, que suerte con su esposa y hasta luego, el señor bendijo a mi familia entera y a mis hijos por nacer y se bajó del carro.

Y así transcurre la vida en este país para los que no tienen como pagar taxis para eventos al que el gobierno los invita, y para los que el gobierno les pone la ambulance pero no tienen con qué pagar las drogas para su familia más cercana.

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