Posteado por: aliciaenelpaisdelasmascarillas | mayo 9, 2011

Conflicto interno

Conflicto interno en Colombia

En Colombia claramente no vivimos en paz. Pero tampoco en guerra – si no, vaya a Alemania y trate de decirle a un veterano que vivimos en guerra para que vea lo que es ver gente indignada-. Ahora, vaya a los Montes de María – a propósito de la primera sentencia de Justicia y Paz – y dígales que en este país no pasa nada, tampoco es cierto ni propiamente respetuoso, en absoluto.

Precisamente respecto a los que han sufrido la violencia en Colombia, uno de los medios que proponen los mecanismos de justicia transicional, los sistemas de “acuerdos” jurídicos que tienen como objetivo mediar con la transición de un estado de violencia a uno de paz, es el reconocimiento a las víctimas, por parte de la sociedad y los victimarios, de que les violaron los derechos, de que lo que pasó estuvo (muy) mal, de que la sociedad está en eterna deuda con ellos (Es la eterna discusión con Irán de negar el Holocausto, por ejemplo). De esto se trata la Ley de Víctimas y por eso está enmarcada en los principios de “verdad, justicia y reparación” que pretenden, en este marco, erosionar los resentimientos sociales que una situación de violencia evidentemente genera. Entonces, me parece contradictorio decir simultáneamente que “alguien” violentó a MUCHA gente y que en Colombia “no hay conflicto”, es decir que no hay quién lo haya hecho.

Quizás parte del problema es definir qué es conflicto interno. A primera vista: es una pelea. En Derecho Internacional hay diferentes definiciones, que van de situaciones en las que se reconoce que dos o más partes tengan territorio y mando organizado por parte de la parte insurgente hasta otras mucho más latas que hablan de una situación de violencia generalizada y sistemática. La definición estricta implica que las partes no gubernamentales tienen que aplicar los Derechos Humanos o el Derecho Internacional Humanitario, de la segunda no se derivan mayores consecuencias, salvo el reconocimiento de que ese “algo” violó Derechos Humanos.

Puede observarse que a medida que uno recorre la historia de este país, las diferentes definiciones aplican en diferentes grados, en diferentes momentos. Sin haberlo consultado realmente, yo diría que la época de la Zona de Distención daría para la definición estricta y, para unirme a la controversia actual, hablar en Colombia de “violencia generalizada y sistemática” me parece absolutamente coherente – sino respetuoso con los que han sido víctimas de la situación.

Como dato adicional, reconocer el conflicto no implica en ningún caso darle algún tipo de status a la guerrilla, ni a su causa, ni a sus ideales. Así lo explica bastante bien Natalia Springer en su columna de El Tiempo de hoy: (…) en ninguna de sus provisiones, modifica el estatus jurídico de las partes de un conflicto, ni constituye reconocimiento de poder alguno del Gobierno a la parte adversa, y tampoco limita “de ningún modo su derecho a reprimir una rebelión por todos los medios, incluido el uso de las armas; no afecta en nada su derecho a perseguir judicialmente, juzgar y condenar a sus adversarios por sus crímenes, de conformidad con la propia ley” (‘Compilación de jurisprudencia y doctrina nacional e internacional’, volumen III, página 33. Oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Colombia). Tampoco desnaturaliza los crímenes de la guerrilla. El reconocimiento explícito de la existencia de un conflicto armado no resta gravedad ni exime o limita las responsabilidades de la guerrilla en el genocidio de los pueblos indígenas, las condiciones de esclavitud a las que somete a sus secuestrados, el reclutamiento de niños, el uso de civiles como escudos humanos, o cualquiera de los crímenes en extremo graves que ha cometido y sigue cometiendo.”

(A propósito de la entrevista de Maria Isabel Rueda con el general Harold Bedoya, creo que el general también está equivocado. No por reconocer que al interior del país hay un conflicto se excluye el exterior. De hecho, el Tribunal de Yugoslavia que hizo esta definición fue creado por la comunidad internacional porque la violación de derechos humanos – en un conflicto, como acá – le concierne a los otros Estados.- esto es sumamente interesante, pero queda para otro espacio.)

La ardiente conversación vía Twitter y medios es, entonces, de (in)comprensión del concepto. Pura retórica de abogados, diría mi papá y con razón. El problema, creo yo, es el efecto psicológico que puede estar teniendo una discusión de términos en la sociedad civil, en las víctimas mismas y, quizás peor, en las filas de dichos grupos.

Así, en la última semana le hablado con varias personas sobre lo dicho por el Presidente y señalarles que esto nada nuevo implica, nada cambia. He tenido que señalar que las leyes colombianas están plagadas de apelaciones al “conflicto”. Lo curioso es que todos los que han padecido mi cantaleta son personas  mal que bien educadas, informadas y que, aún así, están respecto a esto están mal informadas y se sienten profundamente indignados porque están convencidos de que se le status de legitimidad a “los victimarios”- si esto fuera así confieso que compartiría esa posición.

Me preocupa que esto es lo que se entiende “en general” (mal entendido, repito). Está muy mal que las víctimas piensen que a los asesinos de sus familias y usurpadores de sus tierras los acaben de “ascender”. Es absolutamente contraproducente y va en contravía de la idea de la justicia transicional que expliqué anteriormente (y que sustenta la declaración). Además, estaría muy mal que en las filas de estos grupos los cabos inferiores se sientan reafirmados en su posición y se disuadan de desertar y que estén festejando que ahora tienen algún estatus superior, reconocimiento de causa, cualquier cosa por el estilo. La discusión y reiteración de la mala concepción del conflicto interno se vuelve una peligrosísima arma de doble filo, porque así como se está entiendo, está favoreciendo a los “malos” en vez de reconocer a los “buenos”.

Por eso creo que las insistentes y emotivas manifestaciones del expresidente Uribe son totalmente improcedentes y más dañinas que constructivas. El expresidente es una valiosísima figura de la política nacional y tiene además el eterno agradecimiento y favor de una parte gigante de la población y no es en vano. Su opinión es claramente respetable y parte importante del debate político, pero por eso mismo tiene la responsabilidad de cuidar sus palabras (y sus 140 caracteres) y no armar un meollo en donde no habría de haberlo. Me atrevería a afirmar que si se esforzara con el mismo ahínco en explicar “el conflicto interno” como lo entiende el gobierno – al cual como ciudadano civil le debe cierto mínimo respeto – este problema semántico desaparecería más bien rápido y podríamos pasar de la retórica legalista que nos inunda a acciones que contribuyan, en verdad, con la causa.

Oruga

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Responses

  1. La FARC y demás grupos al margen de la ley nunca recibirán status de beligerancia porque violan los principios básicos del DIH. Idenpendientemente de como se llame, en Colombia hay un conflicto armado. Negarlo es como negar que está lloviendo.


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