Posteado por: aliciaenelpaisdelasmascarillas | mayo 28, 2011

Ojos que no ven, corazón que no siente – Justicia ciega

Ojos que no ven, corazón que no siente – Justicia ciega

Se me ocurre que la primera diferencia que yo encontraría entre la justicia divina y la justicia humana es que la primera es misericordiosa y la segunda ciega. Así, Dios puede saber cuando alguien se ha arrepentido o cuando el mundo (y sus circunstancias) fueron injustas con alguien – qué más ejemplo que Caín – y puede perdonar o  condenar a quien lo merezca sin que deban mediar demasiadas  pruebas físicas. Al fin de cuentas es Dios, omnipotente, omnipresente, omni….

Pero no es el caso de la justicia humana. Los humanos tenemos inclinaciones menos benevolentes y divinas y, a falta de omnipresencia y omnipotencia, es bastante más fácil que nos inclinemos a perdonar a quien nos caiga bien, a condenar a quien nos caiga mal, a hacer juicios de valor y a supervalorar o subvalorar ciertos hechos – según nuestro parecer o sentir. Y esto no es necesariamente “malo” es humano… Yo, por dar apenas un ejemplo, estaría infinitamente tentada a meter a personas como Garavito en la cárcel de por vida o a condenar a los Nule a trabajar en las obras públicas de Bogotá como albañiles por unos 20 años. Lo que pasa es que – si bien estos dos ejemplos lo tendrían bien merecidos – a lo mejor yo terminaría por arremeter con mi justicia, más arbitrariamente, contra el profesor que me dejó plantada 8 veces este semestre o contra aquellos que en la universidad siguen escribiendo ha de haber sin h y aquel adverbio de lugar hai. Otros quizás acabarían con el movimiento político que se opone a sus ideas o contra aquellos que sean de algún modo “diferentes” a lo que consideren correcto, como miembros comunidad LGBT, personas de raza negra o indígena, judíos o musulmanes. Podría pasar, ¿no?

La justicia “institucional” entonces, establece criterios claros de juicio, para evitar subjetivismos como el mío. La forma clásica es en “equidad”, actuando sin distinción hacia todos los hombres, sin hacer caso de ninguna clase de ideologías particulares y fundamentando cada una de sus decisiones cuidadosamente.

Mi pregunta es donde queda parada la actuación de la Corte Suprema. Si es un caso de aplicación justiciera contaminado de política que busca arremeter contra el gobierno del ex presidente Uribe o, la otra opción, un uso de la justicia ciego, lo suficientemente miope como para darle de frente a la persecución de varios criminales que bastante daño han hecho en este país.  Para ello, necesito hablar antes de un poco de teoría del Estado.

Las sociedades se organizan y le entregan a una institución que llamamos Estado el poder de hacer la ley, de aplicarla y de monopolizar el uso de la fuerza, porque si  no fuera así nos mataríamos entre todos. Surge, entonces, “un pacto” en el que el Estado cuida a sus ciudadanos y, mientras eso sea así, ellos obedecen. Ahora, para contrarrestar el inmenso poder que adquiere el Estado (el poder de tener un ejército e interpretar la norma, por ejemplo), aparece entonces otra condición: El Estado solo puede hacer lo que tiene estrictamente permitido – lo que está pactado en leyes con el pueblo – , mientras que los ciudadanos, en general, pueden hacer todo cuanto no les esté prohibido. Así, se espera, que las reglas del juego estén definidas desde el principio y el Estado no pueda actuar arbitrariamente. Justamente de eso trata el Artículo 29 de la Constitución: “El debido proceso se aplicará a toda clase de actuaciones judiciales y administrativas. Nadie podrá ser juzgado sino conforme a leyes preexistentes al acto que se le imputa, ante juez o tribunal competente y con observancia de la plenitud de las formas propias de cada juicio.(…) Es nula, de pleno derecho, la prueba obtenida con violación del debido proceso.”[1]

Volviendo a la Corte Suprema y el fallo, es necesario rescatar dos de los hechos que rodearon la recuperación de esos computadores. Primero, no es secreto que era ilegal entrar a Ecuador a bombardear el campamento de Reyes. Ahora, – y habrá divergencias de opinión – eso no le quita que pueda haber sido necesario o legítimo, dada la negligencia del estado ecuatoriano. Segundo, parece que, además, los computadores fueron  recogidos en plena actuación ilegal sin que estuvieran presentes las autoridades competentes para hacer un levantamiento de pruebas. Al respecto, el ejército mínimo tenía que haberse imaginado que en ese campamento habría algo digno de recoger como prueba y debieron tomar medidas para hacer una recolección un tilín más adecuada. Pero ya que no hicieron esto – quizás tampoco era posible – , no era coherente ir matar a Reyes y dejar todo intacto como si nada hubiera pasado. Untado un dedo, untada toda la mano.

Pero hay más, una vez obtenidos los computadores su contenido fue explorado por varios organismos – autorizados y no tanto -. La importancia del buen manejo de las pruebas de un proceso penal es trascendental para verificar su veracidad y validez básicamente porque así se pretende evitar que un Estado déspota cree pruebas falsas y condene así a quién se le antoje.  Los computadores han sido usado por varios organismos nacionales e internacionales como fuentes de información. No obstante, el mismo documento que salió en Londres hace un par de meses señala que “la cadena de custodia” – que no es más que el adecuado manejo de pruebas- si se rompió.

Dirán varios, quizá con razón, que todo lo anterior está muy bien, pero que todos sabemos el tipo de calaña de Reyes y el mucho daño que ellos le han hecho al país. Y es cierto, pero ese argumento, por todos los motivos anteriormente señalados, no puede ser de peso, porque con ese mismo criterio subjetivo  a cualquiera podrían meterlo a la cárcel – y históricamente sí que ha pasado.

No obstante todo lo anterior, y esta es quizás la parte esperanzadora, ese juicio del corazón – que no sirve penalmente hablando por todos los motivos que ya mencioné – está validado en los documentos extraídos del computador. Estos documentos, si bien no son pruebas, no dejan de perder su carácter de “pistas” que bien le pueden servir a la Fiscalía y demás autoridades para encontrar pruebas – y tratarlas legalmente – que sirvan como fundamentos de los juicios contra los sospechosos (y que además garanticen que se hagan bien), además de que podría aprovecharse su valor simbólico y el hecho de que ya esté documentado por una organización internacional.  Los medios y el gobierno estarían, entonces, exagerando un poco. [Existe jurisprudencia de la Corte Constitucional sobre este tipo de información, entre otras está la T-058 2006, y las demás providencias sobre el caso de Rodrigo Villamizar).

El caso al que se enfrentó la Corte Suprema estaba totalmente fundamentado en los computadores de Reyes. No siendo así los otros procesos que usan estos contenidos, como el que existe de Piedad Córdoba, que tiene varias pruebas que no son de los computadores (jugada hábil del Procurador). Fallar sin referirse a ellos era admitir su carácter de pruebas – y politizarse a favor del Estado. Fallar en contra, es mostrar su independencia de la política y de los ideales que los gobiernos de turno persigan. Es mostrar que es igual para todos, nos guste o no quienes se incluyan en “todos”. Es demostrar que es, oh gran paradoja, justa.

Oruga


[1] Una cita de la columna de Pascual Guerrero de esta semana que es particularmente ilustradora: “El éxito de esa operación en la madrugada tuvo consecuencias: los computadores de Reyes son un suculento botín de guerra, pero no sirven como carpeta para tramitar condenas. Son interesantes en la forma de un libro de un instituto político inglés, pero no cumplen los exigentes requisitos que necesitan las evidencias para tener implicaciones penales. La manera como se consiguen las pruebas para demostrar delitos no es un formalismo menor. Nos ponemos en manos del Estado y sus cárceles siempre y cuando se respete una especie de protocolo, tan indispensable como los protocolos médicos, que garantiza la posibilidad de controlar el poder desmesurado de policías, militares, fiscales, jueces y carceleros. Y como esto ya parece una carreta digna de introducción al derecho, vale recordar el mundo al revés que intentó armar el gobierno anterior con montajes, testigos falsos y pruebas dudosas contra sus “enemigos internos”. Para que no hablemos en abstracto.”


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