Posteado por: aliciaenelpaisdelasmascarillas | agosto 16, 2011

El derecho a un final feliz – Matrimonio

El derecho a un final feliz – Matrimonio

La teoría general de los contratos – suena a hueso, lo sé – dice que el consentimiento es un elemento esencial de todo contrato. Es decir, que hay que saber en qué se está metiendo uno. Pues bien, personalmente, lo de ¨saber en qué se está metiendo uno al casarse¨ me suena complicado. En un bollo, seguramente, en una aventura, en un futuro con alguien que se quiere, en el infierno, en una guerra a o hasta la muerte, en una vida sin soledad, en el camino a tener una familia feliz… depende de la caricatura que hayan visto (Olafo, Pepito y Pepita, la Bella Durmiente…).

 Ahora, yo crecí viendo películas de Disney e intuitivamente relaciono el ¨matrimonio¨ con algo bueno. Pero, el matrimonio no es solamente ¨bueno¨ por la relación con el príncipe, las hadas y el comercial de sopas Campbell sino que además es una forma de adquirir montones de derechos como pareja, además de las evidentes obligaciones conyugales que el sentido común debería, al menos, señalar (cuidar, apoyar, respetar, no agarrar a bolillazos…). Respecto a los derechos están, por decir algunos, el derecho a la pensión de mi pareja si esta muere o, en el mismo caso, a poder declarar calamidad doméstica, a que se presuma la paternidad de mi pareja sobre mis hijos, a prestaciones sociales, a afiliarse al seguro o Sisben, a poder migrar al país de residencia de este/a, incluso a que ¨que me pongan los cachos¨ sea ilegal. Es, en suma, una forma de asegurar el futuro en muchos sentidos.

Casarse, entonces, es un viaje de doble vía, en el que se reciben unas cosas y se obtienen otras – no solo del compañero sino del Estado.

Esa es, en gran parte, la pelea que tiene la comunidad LGBTi y la dirección del fallo de la Corte de hace ya casi un mes: la restricción del acceso a ciertos derechos mediante la figura del matrimonio que, por ahora, está limitado a parejas heterosexuales.

Ahora, no toda unión de parejas ante un notario produce estos derechos. Se entiende que un matrimonio es nulo – es decir que no produce efectos, ni derechos ni obligaciones – si las parejas son infieles (así lo dice el Código Civil) o si se demuestra que tiene otros objetos, como obtener la nacionalidad gringa o de otro país, entre otras.

Hasta ahí todo más o menos en orden. Se trata de proteger a las parejas y ambos ejemplos son sintomáticas de que en realidad no son pareja (objeciones posibles).

Pero curiosamente, si uno lee sobre lo que es el matrimonio (en libros con los que enseñan en pleno 2011) salen a relucir perlas como que el matrimonio ¨busca principalmente regular y ordenar la vida sexual de los contratantes¨ de forma que sin relaciones sexuales no hay matrimonio.

Total, vida en pareja igual sexo legal: Adiós al amor, la compañía, la solidaridad… Ni siquiera me voy a referir a lo que, entonces, se entendería por sexo-contra-derecho…

¿Se vieron Elsa y Fred (dos viejitos chucumecos que se enamoran y casan)? Eso no era matrimonio. ¿Úrsula Iguarán y Jose Arcadio Buendía? Los primeros 18 meses no fueron matrimonio porque Úrsula tenía miedo de que el pelado le saliera con cola de cerdo. Y se pone mejor, los doctrinantes afirman que los infértiles, eunucos, mujeres sin útero, etc no se pueden casar. 

Como dato curioso, los mismos libros dicen que ¨el régimen de esponsales¨- que no es más que una noción súper conservadora que busca medio regular (aunque no)  a las parejas que están prometidas en matrimonio, es una forma de ¨dejar de lado la decencia¨  y permitir a las parejas… bueno, hacer lo que las parejas hacen, supongo. (anexo una linda canción).

Tiene tintes de ser una forma más de ideología ultraconservadora-machista que busca coger a las minorías débiles y subyugarlas, limitándolos y limitándolas con cosas que, creo yo, deberían ser de la absoluta intimidad de cada quién.

Ahora, aclaro que la Ley no dice esto, sino que eso dice los que se supone que saben decir qué es lo que dice la ley… Lo anterior porque el derecho es lenguaje y que su significado es lo que se entiende por ley. Además, el lenguaje jurídico, es un lenguaje que le da poder al que lo sabe hablar.

Lo que está pasando, entonces, es que hay ¨gente¨ en el gobierno, congreso, calle, columnas de opinión, escuelas, etc que dice que la ley dice cosas que no dice y estas interpretaciones están sirviendo y han servido para discriminar a un montón de personas por su orientación/capacidad/libertad sexual. La contaminación de la ley por estos significados permite que en la práctica se traduzca lo anterior como ¨todo aquel que no regule su vida sexual como yo quiero, no le doy derechos¨.

¿Y quién es ese yo? Particulares. En este caso el Estado no es el malo (como institución), eso es lo que dice la Corte. Pero siguen por ahí los tesoros que impregnan todo de ideologías personales y conservadoras y le dicen a otros – pecadores – ¨usted, criatura perversa, no puede acceder a mi derecho – yo, correcto, – a tantas cosas¨.

Lo peligroso es que el poderoso define y ajusta ¨lo justo¨ como le da la gana – por eso la maravilla de haber salido de la Edad Media y el Absolutismo, en teoría.

Pero aún así, seguimos en un país donde muchas veces los derechos se quedan en papel y esos otros significados se respiran en la calle: se le aguantan las infidelidades a hombres pero no a las mujeres (mucha perra, pero mucho macho). A pesar de haber habido indignación por todo lo de Bolillo nada que el se va de la Federación, una sociedad donde una senadora de la República no duda en salir a decir que la pobre mujer se lo tenía merecido, preferimos que los niños crezcan en orfanatos y no con dos mamás… Seguimos, en suma en una sociedad donde la libertad individual de cada quien sigue siendo transgredida para atar, limitar y dividir en nosotros los sujetos de derechos y ustedes, los que más bien se parecen a un miquito. Seguimos en una lógica de ¨Divide y reinarás¨, pero ¿reinarás dónde y qué, la jungla?

Lo único que si queda clarísimo es que más bien se generan fobias, odios y mal-concepciones que, a la larga y a la corta, solo nos hacen la vida más difícil: El día de mañana sale Bolillo a la calle y lo ataca una pandilla de Amazonas y, a pesar de que se lo merezca un poco, tampoco estaría bien. Por bestia que sea tiene sus derechos.

Tenemos las prioridades – o algo – trastocadas. Mientras sigamos con que es mejor que a algunos les vaya bien y a otros mal en vez de que a todos bien (y que creamos que es imposible que a todos nos vaya bien, al que no me crea por favor vaya a Suiza o Alemania o mire al menos fotos y películas) pues, aquí seguiremos largo rato, jugando a lo bonita de la Constitución, lo increíble de la Corte Constitucional y lo contraria y patética que es la realidad nacional, donde todos nos odiamos y somos tan diferentes que a ¨el otro¨ le vamos a negar incluso, la posibilidad de concretar su sueño de tener un final feliz.

Oruga

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