Posteado por: aliciaenelpaisdelasmascarillas | octubre 27, 2011

El otro lado de la moneda: ¿De qué se supone que van a vivir los músicos?

El otro lado de la moneda: ¿De qué se supone que van a vivir los músicos?

El pasado 20 de octubre, se llevó a cabo en la Universidad de los Andes un foro sobre la piratería virtual, ley Lleras, derechos de autor y acceso a la información.

En el evento participaron diferentes expertos de varias áreas.  En resumen, el panel estaba dirigido a presentar cómo internet ha revolucionado el tráfico de información y ha permitido que muchas personas tengan acceso a música, libros y demás productos a través de la red de forma gratuita (y frecuentemente ilegal).  En los paneles se habló de cómo esto beneficia a poblaciones excluidas y vulnerables como los ciegos o los niños con bajos recursos. Asimismo, se hablaba de cómo el control a este “tráfico” de contenidos es prácticamente imposible y controles como el de la ley Lleras ya habían sido superados antes incluso de que empezara el debate en el senado (proyecto de ley que aparentemente se va a archivar). El foro apuntaba, en esta etapa, a que el derecho a la información y a “hacer parte del mundo” de muchísimas personas se vería vulnerado de penalizarse su uso. Tangencialmente se habló, como alternativa, de subsidios estatales que pagaran los derechos para liberar los contenidos al interior de un país.

La discusión se volvió interesante cuando se empezó a hablar del tráfico de contenido creativo, como música o cuentos. Así, la primera pregunta es si poder acceder a la música de Queen y bajarla a mi computador es un derecho fundamental…

Pero los panelistas enfocaron la discusión hacia la masiva producción de contenido que tiene hoy en día la red, hasta el punto en que el 60% de los usuarios se consideran “productores” y como esta producción, creativa, surge principalmente de reciclar y reutilizar contenido previo como películas o canciones. La creatividad, argumentaban, sí es un derecho y no puede ser vulnerado por leyes que penalicen el acceso a la materia prima: canciones películas. Argumentaban, además, que la producción de contenido es una forma de expresar la admiración por cantantes, directores, etc. y que penalizarla sería casi una forma de desagradecer la admiración que los fanáticos-productores sienten hacia los artistas. 

Cuando llegó el punto de que alguien defendiera la posición contraria, la que pelea por derechos de autor fuertes y protegidos, José Gaviria patinó y solo alcanzó a concluir que la “discusión no era en blanco y negro”.  Iván Benavides, otro representante de la industria, se inclinó más bien a resignarse ante este panorama y plantear que los músicos deben vivir de la “creación de nichos” que los cuiden y protejan….

Pero la defensa de este punto de vista es más compleja y tiene argumentos de fondo que vale la pena tener en cuenta. Por un lado, como atinó a decir Gaviria, no es en blanco y negro principalmente porque los costos de acceso a la música legal, al menos, son altísimos. El consumidor habitual tiene entonces la enorme tentación de bajar música gratis de forma ilimitada o de pagar 40000 pesos por 10 canciones. Ante esto, también se habló tangencialmente de cómo nuevas formas de comercialización como Amazon o iTunes sirven para atenuar esta enorme diferencia y, como evidencia, está el enorme éxito de su negocio.

Iván Benavides, argumentó que hoy en día los músicos viven de conciertos y que la piratería es una forma de promoción gratuita, que hace que haya quién compre boletas. Así, lo que empieza a suceder es que alrededor de los artistas y bandas se crea una “comunidad de apoyo” que asiste a sus conciertos, de menor escala. Argumentó, además que vivir de la sola música es algo que en realidad no pasa, que de sus ingresos, solo el 15% corresponde a la música que produce y que, de resto, deben buscarse alternativas.

Justo aquí es donde quisiera meter la cucharada. Este tipo de argumentos parece desconocer el montón de tiempo y esfuerzo que demanda ser músico y producir “materia prima creativa”. Parece desconocer el enorme valor que esta sola actividad tiene. Estamos hablando de estudios que señalan que se requieren unas 10000 horas de práctica  para ser medianamente bueno (eso son unos 10 años estudiando 3-4 horas diarias) que, en este escenario, dejan de ser viables – uno o se dedica a eso o no – y el hecho de que todo el mundo tenga derecho a la creatividad o a la información desprestigia a aquel que se dedica a perfeccionar su disciplina artística.

Pareciera que la gran desventaja de la industria musical está en que el producto es “traducible” a un lenguaje de información y que, por tanto, se puede multiplicar y esparcir vía internet sin mayor problema y de forma gratuita. Asimismo, todo el mundo puede hacer música desde su computador pero no todo el mundo puede hacer buena música, porque esto requiere tiempo y trabajo.

¿Cómo funcionaba esto en el pasado?

Históricamente, para poder vivir de la creación musical, los músicos eran patrocinados por grandes señores feudales, porque la única forma de escuchar música era tener un músico en casa. Esto protegía al músico y satisfacía al consumidor. Hacia el Siglo XIX, los músicos se emanciparon y vivieron de sus conciertos, pero esto era rentable porque sólo en conciertos se podía escuchar música. Más adelante, la posibilidad de grabar y reproducir música hizo que el músico ya no fuera indispensable a la hora de escuchar música, lo que generó una enorme industria que fue rentable durante muchos años y que disminuyó los costos de disfrutar de la música, haciéndola popular y accesible. Este proceso de “esparcimiento” alcanzó un punto inimaginable recientemente y, ahora,  la música se consigue gratis y ya ni el músico es indispensable ni recibe necesariamente ingresos por su música, solo por sus conciertos. A estos, como señaló Benavides, si van unas 100 personas es un exitazo. ¿Quién y cómo va a pagar por esas 10000 horas de práctica que se requieren para producir “materia prima” de calidad? Pareciera que ser un buen artista dejó de ser posible.

Entonces, sobre el derecho de los consumidores a apropiarse del contenido y recrearlo no tengo la menor duda, pero la pregunta que no lograron resolver en el foro es cómo hacer del negocio de la música una opción de vida rentable. Sobre todo porque, de ser no solucionarse de alguna manera, la calidad de la materia prima va a bajar (por experiencia puedo decir que la vida doble de músico nocturno y persona normal de día si afecta la calidad de, al menos, el producto musical) y, por tanto, la calidad del material con el que el “prosumidor” va a poder expresarse va a empeorar El derecho que buscamos proteger terminaría por afectarse también.

La discusión es compleja, y llama a los fanáticos a verdaderamente apoyar a sus artistas favoritos, comprar la música y, por favor, no piratear, sino usar otros medios gratuitos como Youtube o el más discutido Grooveshark. Ser artista si tiene un enorme contenido altruista y emocional pero de todas formas tienen que comer y, que por esa necesidad, nos quedemos sin músicos de calidad (y escritores y cineastas) sería una enorme lástima.

La discusión ciertamente no es en blanco y negro, pero que no nos pase como a Paulino Moska en su canción con ese mismo nombre:

“Pero ustedes sabe señores, muy bien cómo es esto;

no nos falló la intención, pero sí el presupuesto….”

 

Como alternativa, creo que hay que rescatar los toques tangenciales que se hicieron en el foro sobre formas de comercialización alternativas como iTunes o Amazon o incluso de subsidios estatales. Creo, que en la industria musical hay muchos intermediarios que suben costos (locales, disqueras, compañías que hacen las cajas de los CD`s) y que hoy en día, gracias a los avances de la tecnología, grabar es más fácil y muchos músicos locales pueden hacer sus propios álbumes, de buena calidad, dejando de necesitar la intervención de las grandes disqueras y otros intermediarios. Así, quizás, si se quitan los intermediarios innecesarios y se crearan bases de datos grandes donde el consumidor pueda comprar directamente el producto al artista los costos bajarían a tal punto que el mercado legal volvería a ser atractivo para el pro/consumidor.

 

Oruga

 

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Responses

  1. Échenle una mirada a soundcloud.


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