Posteado por: aliciaenelpaisdelasmascarillas | enero 16, 2012

La moraleja de México

En México todos preguntan por Colombia. En qué es diferente, en qué se asemejan, qué nos gusta de su país, qué no nos gusta, si nos deslumbran sus carreteras, si nos impresionan sus barrios de invasión. En el mar de preguntas que nos caen a los colombianos a diario, existe subyacente la noción de que nosotros hemos superado el monstruo del narcotráfico y les pasaremos la varita mágica. Las élites mexicanas expresan abiertamente su admiración por Uribe, Peñalosa lo mencionan en cada conversación como ídolo por su modelo para Metrobús. Lo que pocos parecen entender, es que Colombia no ha logrado erradicar los demonios del narcotráfico, que Uribe está más emproblemado que nunca y que Peñalosa no fue el único artífice de la transformación de la capital bogotana. Lo triste es que esa respuesta no es fácil de recibir. Es más cómodo seguir pensando que en algún rincón del continente ya lucharon contra los secuestros, los asesinatos selectivos, el dinero fácil del narcotráfico, y que ya están del otro lado. Es cierto: en Colombia llevamos décadas combatiendo esos fenómenos, pero no estamos del otro lado, y el camino de la reconstrucción no ha sido fácil. Los nombres han ido cambiando y ahora la lucha es contra las BACRIM, contra la impunidad, contra la tergiversación de las masacres. Aún así, creo que los mexicanos y los colombianos estamos hechos los unos para los otros – conocemos de la corrupción, hablamos español, y tenemos una cierta empatía que nos permite conversar abiertamente sobre lo que nos duele de nuestro país. Nos llevan años luz en orgullo nacional, en estar orientados a rescatar sus colores, sus santos, sus tradiciones y sus comidas. Nos llevan años luz en infraestructura vial, en puentes, avenidas, autopistas. A los dos nos falta el tren – pero ellos tienen montado un sistema de buses que permite atravesar montañas enteras y distancias enormes en el tiempo que nos tomamos en ir a Tunja. Ya quisiera yo que hicieran ellos el Túnel de la Línea a ver si acaban antes del 2020. Quizás lo que ocurrió es que tuvieron tiempo para cogernos ventaja; mientras en Colombia nos dábamos por la cabeza en el S XIX en la Guerra de los Mil Días y en las otras mil batallas que la antecedieron, ellos estaban trayendo arquitectos para hacerles sus mercados, planificando ciudades cosmopolitas, construyendo teatros en Guanajuato, etc. Sí, sé que el tema del Porfiriato es delicado, y dificulta las comparaciones, pero sí siento que el orgullo que sienten por lo propio, y el deseo de proponer soluciones, vendría bien imitarlo en Colombia.

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