Posteado por: aliciaenelpaisdelasmascarillas | marzo 25, 2012

Bogotá y su manía de tratar mal a su gente

Este artículo fue escrito para la revista virtual Censurados:Cero. Fue publicado el 25 de marzo del 2012.

Bogotá y su manía de tratar mal a su gente

Transmilenio

Por Beatriz Botero, “Oruga”

En mi artículo pasado, escribí sobre los daños a Transmilenio y sobre lo aventurezca que tiende a ser mi mañana en los buses por la séptima (y la necesidad de cambiar el sistema de transporte público). Terminé con un “aquí nunca se hace nada”.

Pues bien, antes que celebrar las maravillas de Transmilenio –que, como señalé, son más bien pocas– quería defender la intención que hay detrás: la de crear espacios y servicios públicos dignos y respetuosos de los ciudadanos. Mi objetivo hoy es desarrollar esta frase: “la reacción [de los agresores] es más bien cavernícola y nada que ver con esa “dignidad”. Quizás, por ser tan fuerte, fue mal interpretada.

¿Qué es dignidad? No sé, ni pretendo hablar de eso aquí. La entenderé como respeto del ser humano (igual de abstracto) y como antónimo de agresión. Lo que sí se es que, en casos concretos, se puede saber qué no es dignidad. Así, el servicio que ofrece Transmilenio no respeta a sus usuarios, quienes son agredidos a diario.

Ahora, eso pasa en los sistemas de transporte público: en Japón (y demás países desarrollados) hay un señor que empuja a la gente con un palo para que quepa en el metro. La diferencia está en que ese mismo ciudadano tiene, también, otro montón de problemas sociales resueltos: salud, educación, vivienda, recreación, seguridad… Es una persona que, a pesar de pasar dos o tres horas de su vida espichado en un bus/tren, vive bastante bien.

Acá, en cambio, el problema de que las condiciones de Transmilenio (o del transporte en general) sean paupérrimas se inscribe en el gigantesco problema social de Bogotá. No es solo Transmilenio. Es no tener“vivienda digna”, no tener un parque cerca, tener que “echar tranca” a las 6 pm porque salen “los bazuqueros”, tener 16 años y no poder soñar con ser médico o ingeniera, ir a un colegio donde, quizás, alguien te apuñale a la salida. El problema, en el fondo, es que la ciudad – la vida – agrede a la gran mayoría de los bogotanos. Todos los días. En muchos (demasiados) aspectos. No hay tal cosa como un“respeto por la dignidad”. Por eso Transmilenio se vuelve intolerable.

Por eso las políticas que hacen agradables los espacios públicos (andenes amplios, buses bonitos, parques, etc.) son tan importantes: permiten que vidas muy difíciles sean menos agresivas y más dignas. En últimas, es más económico y conveniente procurar, en lo posible, dignificar la vida de los ciudadanos.

¿Por qué dignificar es más económico? Porque la gente que es diariamente irrespetada explota un día y daña estaciones, mata gente y/o monta una guerra. Es la historia nacional y mundial. Hitler encontró apoyo en las masas, no porque los alemanes fueran tontos o malos, sino porque estaban desesperados con la situación económica de la postguerra. Hay miles de ejemplos así. Basta con ver lo que había detrás de la creación de las Naciones Unidas después de la segunda guerra y el apogeo de derechos y organizaciones y ONG’s internacionales. No era un argumento de la dignidad lo que había (lo que hay) detrás. El argumentos es más sencillo: el mundo no puede costearse una guerra. Del mismo modo, Bogotá no puede asumir los costos – ya manifiestos – de desconocer las necesidades sociales de los bogotanos. (Si los bogotanos vivieran felices y contentos, no habría fuerza oscura capaz de “alebrestarlos” fácilmente)

Aquí empiezan a gritar las voces comúnes en nuestro país: no hay plata. Bien, de acuerdo, hay poca. Dirán, también, que los bogotanos son pobres y no aguantan más impuestos. De acuerdo. Pero es que, además, aquí se roban la poca que hay (sin señalar a nadie, lo digo genéricamente) y la administración tiende a ser ineficiente en el manejo de recursos (otro lugar común: necesitamos educación). Pero, y sin pretender decir que gobernar es facilísimo, en el asunto del transporte, por ejemplo, es cuestión de ser creativos: seguro hay algún operador extranjero (¿chino, taiwanés?) interesado en montar un sistema de transporte público y cobrar el tiquete por 50 años –somos casi siete millones, es un mercado impresionante. En el fondo, ¿a nosotros qué? Con tal de que sea respetuoso, funcione y demás (vs la posibilidad de que nosotros no lo montemos nunca)

Construir cosas se demora, me dirán. No es de la noche a la mañana que construimos una ciudad digna, una sociedad respetuosa y un Estado que garantice el mínimo vital a todos los ciudadanos. Tienen razón. Además, yo sí creo que aquí hay gente muy capaz. Pero mientras tanto, necesitamos “tiempo y paciencia”. Por eso, apelo a la dignidad en el sentido en que lo define la RAE, que es una redundancia: “cualidad de ser digno”.

Nos toca (a todos) portarnos bien. Esto incluye trabajar por una sociedad mejor y protestar pacíficamente contra las injusticias. También incluye aguantarse las obras y trancones mientras tanto. Todo lo anterior, a pesar de que el sistema incumple con la obligación correlativa que tiene: no trata los usuarios con la dignidad que merecen. Pero esto matizado, claro. Tampoco se trata de someterse a cualquier injusticia… se trata más bien de negarse a convertirse en lo que no se es, se trata de resistir.

Resistir incluye no ser cómplice, incluye salir a marchar, ser un ciudadano activo y denunciar las injusticias. También incluye negarse a actuar como toda predicción razonable lo vaticina: violentamente.

Ceder no es pecado. Resistir es, a todas luces, una carga excesivamente onerosa, un deber casi imposible de cumplir a cabalidad (yo, de primeras, aclaro que tampoco correspondo). Es difícil mirar a muchas personas a los ojos – de esas que caminan por Bogotá, por Colombia – y pedirles “que se porten bien”, cuando el origen de su desespero es tan claro. (Otros, en cambio, no tienen excusa)

“Nadie está obligado a lo imposible”, dice un gran principio del derecho civil. Pero, así como resistir es pedirlo todo, es también lo único que se puede pedir.

Oruga

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Responses

  1. Hola
    oye, sabes donde puedo encontrar información acerca de la campaña buenas ideas transmilenio? es que necesito para un trabajo de la universidad. Gracias.


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