Posteado por: aliciaenelpaisdelasmascarillas | mayo 9, 2012

Crímenes de Estado

Crímenes de Estado

 Cuando se pregunta en un salón de clase ¿qué es el Estado?, se dice que se trata del conjunto de instituciones oficiales que tienen presencia en un territorio y a través de las cuales se ejerce el control político del mismo. Así, el Estado no es ni el Presidente, ni el Congreso, ni el alcalde de un pueblo perdido en lo más inhóspito de la selva colombiana; el Estado es el conjunto de todas estas instituciones. Como alguna vez algún profesor de primaria trató de explicármelo “el Estado somos todos”, -algo sospechosamente parecido a Dios- pensé en ese momento. Hasta aquí todo el mundo parece estar de acuerdo. Esa es la ventaja de las definiciones: logran generar acuerdos de significado ampliamente aceptados. Las diferencias surgen, sin embargo, cuando se trata de aplicar estas definiciones a una realidad concreta. Por ejemplo, existen diferencias frente a la naturaleza de las conductas ilegales de actores estatales: algunos ven en ellas auténticos “Crímenes de Estado”, mientras que otros prefieren catalogarlas como casos de corrupción y “manzanas podridas”.

Tal es el caso de los crímenes cometidos por miembros de la Fuerza Pública: asesinato de civiles –mal llamados falsos positivos-, desapariciones, masacres, desplazamientos, y hostigamientos. O los delitos de notarios cómplices de falsa titulación y usurpación de tierras. O la complicidad de actores de las Fuerzas Armadas con grupos paramilitares. O las alianzas de alcaldes, concejales, gobernadores, senadores, representantes a la cámara, con grupos paramilitares y de guerrilla para conquistar y mantener a sangre y fuego sus posiciones políticas. O la red de minería ilegal muchas veces promovida desde el control de las mismas instituciones locales. En fin, los ejemplos son tristemente célebres y tal vez infinitos.

Tomada del Hufftington Post (Ver enlace)

¿Son estas prácticas Crímenes de Estado? Un abogado diría que no. Un abogado diría algo como lo siguiente: los crímenes de Estado son el resultado de políticas oficiales planeadas y coordinadas desde los altos niveles de dirección con el fin de ejecutar actos ilegales, o criminales – el abogado explicaría después porqué estas dos categorías no son lo mismo- de forma sistemática y generalizada. De acuerdo con esto el abogado diría que la usurpación de tierras no es una política oficial del Estado ni de los notarios –agentes privados investidos de funciones públicas-; que el asesinato de civiles no se encuentra permitido dentro del manual de conducta de las Fuerzas Armadas, y que los seguimientos ilegales o chuzadas no hacían parte del manual de funciones del DAS. Ese mismo abogado diría entonces que no se trata de crímenes de Estado, sino de actos ilegales cometidos por agentes y funcionarios corruptos. Se trata entonces de unas cuantas, muchísimas, manzanas podridas dentro del Estado.

No tiene sentido discutir con el ilustre abogado: él es abogado y jurídicamente tiene razón. Pero el Derecho no lo es todo, y mucho menos una verdad incuestionable, aunque a veces pretenda serlo. El Derecho no es sino otro más de los muchos aspectos de la vida en sociedad. Resulta irrelevante que jurídicamente hablando estas conductas no sean crímenes de Estado; lo cierto es que en Colombia el ejercicio de lo público esta indisociablemente unido al ejercicio de lo criminal, de lo oscuro, de lo corrupto. Poco importa que el Presidente de la República no se siente con sus ministros a discutir cómo asesinar a civiles inocentes en la Casa de Nariño. Poco importa que no exista une ley, o un decreto, ni documento oficial que legalice o institucionalice los falsos positivos. De nada sirve que el comandante de las Fuerzas Armadas diga en los medios de comunicación que la fuerza pública está comprometida con los derechos humanos y que el asesinato de civiles no es una política del Estado. Todo esto es inútil.

Lo que es cierto, lo que cuenta, es que los falsos positivos no son cosa aislada de un par de municipios, sino que se extienden por toda la geografía nacional y han sido cometidos por numerosos batallones y brigadas. Lo que cuenta es que la complicidad de notarios para usurpar tierras va desde Putumayo y Cauca hasta Córdoba y Bolívar. Lo que cuenta es que el DAS se encargaba de darle a los paramilitares listas de sindicalistas que debían ser asesinados bajo la administración de Jorge Noguera; que el mismo DAS se encargaba de las chuzadas bajo la administración de María del Pilar Hurtado. Lo cierto es que los paramilitares entraban a la Casa de Nariño y sostenían reuniones con altos funcionarios del Palacio. ¿Se acuerdan de alias Job y su célebre entrada por el sótano? Lo constatable es que los narcotraficantes financiaron la campaña Samper, y mantenían contactos con el luego ministro de Defensa. ¿El proceso 8.000 les dice algo? Lo que se conoce es que desde hace más de dos décadas las fuerzas paramilitares actúan con la ayuda, connivencia, e incluso colaboración del Ejército y otras fuerzas armadas. ¿Les dice algo la masacre de Mapiripán en donde, como muchas otras, el ejército permitió con conocimiento de causa una masacre? ¿Sabía usted, o recuerda, que el Estado colombiano ya ha sido condenado por la CIDH por esta y otras masacres?

Vladdo 2008. Tomado de Semana.com

Es difícil pensar que el Estado colombiano no es criminal cuando para el año 2008, 68 congresistas estaban vinculados a la parapolítica. Ignoro cuál es la cifra para el 2012, pero lo cierto es que cada vez son más los congresistas involucrados. Es difícil creer en la legalidad del Estado colombiano cuando la influencia de paramilitares y guerrillas sobre Alcaldes y Gobernadores se ha hecho presente en 28 de los 32 departamentos de Colombia. Es casi imposible creer en la legalidad del Estado colombiano cuando los congresistas son pagados para aprobar reformas constitucionales, como en el caso de Yidis Medina y Teodolindo Avendaño. Y todo esto sin contar los innumerables escándalos de corrupción que desocupan las arcas del Estado. ¿Han visto en qué estado se encuentran las obras públicas en Bogotá; son conscientes de la malversación de los fondos de las regalías en Casanare, Arauca o Putumayo? Y bueno, ¿qué me dicen del desfalco del Sistema de Salud? ¿De los cobros excesivos de medicamentos? ¿De las negociaciones turbias entre el entonces Ministerio de la Protección Social, en cabeza de Diego Palacio, y compañías farmacéuticas como Roche? ¿Por qué no hablar del desfalco que algunos abogados están haciendo de las pensiones de los maestros, especialmente en Córdoba, a nombre de clientes que nunca en su vida han sido maestros y con la connivencia de jueces de la república que no hacen nada al respecto? ¿O de los colegios fantasma que se inventaron en Buenaventura para robarse los recursos?

¿Manzanas podridas? Hay que ser cínico para creerlo. No existe una sola rama del poder público, ni una sola esquina del territorio que no se encuentre permeada por la ilegalidad y lo criminal. Los ejemplos nunca se acaban, y se producen a diario. Podría seguir, pero no tiene sentido hacerlo. ¿Hasta cuando seguiremos pensando que se trata de manzanas podridas dentro del sistema? ¿Qué se necesita para establecer de una vez por todas que se trata de un Estado criminal? ¿Será necesario que el Presidente salga por las calles, moto sierra en mano, a desmembrar a ciudadanos indefensos? ¿Estamos esperando a que el presidente del Congreso ande por las calles, puñal en mano, porque no le alcanza para la gasolina de sus carros?

Para mi es claro. Las acciones de los agentes estatales son ampliamente ilegales a lo largo y ancho del territorio, con respecto a casi todos los temas de la función pública, e involucran a todas las ramas del poder público. En resumen, los actos ilegales de agentes del Estado son muchísimos, se producen en todas partes, en todos los temas, y son cometidos por agentes de todas las instituciones. Se trata, para mí, de verdaderos crímenes de Estado.  Sería bueno, entonces, que reconociéramos esa realidad y dejásemos de engañarnos creyendo que vivimos en un Estado de Derecho. Solo así, tal vez, con algo de suerte, podamos empezar a construir uno.

Vladdo 2008. Tomado de Semana.com

The MadHatter

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Responses

  1. La pregunta mas ingenua pero a la vez obvia y pertinente sería: ¿Que podemos hacer?


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