Posteado por: aliciaenelpaisdelasmascarillas | junio 22, 2012

De máximas, principios y costales

Esta entrada fue escrita para Censura20.com.

Por Beatriz Botero, “Oruga”

La justicia no funciona. Son todos unos paracos/guerrilleros. Los hombres son un desastre. El Congreso es pura basura. Las mujeres son unas arpías. En Twitter/Facebook solo se pierde el tiempo. El calentamiento global nos va a matar. Los gringos son el imperio aplastacionista de esta era. Todo flaco es anoréxico, todo gordo carga escondido en el bolsillo un paquete de m&ms y no tiene fuerza de voluntad. Él nunca me dijo. Siempre haces lo mismo. Nunca me quisiste. Así son las cosas. Punto.

Entonces, por ejemplo, dice una persona justamente indignada que la justicia no funciona y que por eso en Colombia están libres los criminales de la peor calaña y están presos jóvenes entre 18 y 24 años (ojo, mi franja de edad) que cometieron delitos menores. Esa misma persona señala como ejemplo que cualquier proceso hasta el final se demora unos 25 años y que sacar a un arrendador incumplido de un local o apartamento puede tardar unos dos años y medio. Ergo, la justicia no funciona.

Ahora, en derecho (me disculpo de antemano), cuando uno hace una “negación indefinida”, es decir, cuando uno afirma que la persona que se está demandando nunca cumplió (“Yo le di el carro y nunca me lo pagó”) la carga de la prueba se invierte y el que supuestamente incumplió es quien debe probar que sí lo hizo. Entonces el que tiene el carro puede sacar un comprobante de pago y demostrar que pagó la primera cuota. Si lo hace, al que hizo la negación se le cae el proceso porque sí hubo pago, pago parcial, pero pago. Y ahora lo tiene que demandar es por otra cosa, no por que no haya pagado sino porque no pagó todo. La moraleja es que las máximas se caen si hay al menos un indicio de que la máxima no es cierta. Demostrar el cumplimiento parcial no vuelve al incumplido bueno, pero refuta el primer argumento. Es como cuando uno llama a alguien y esta persona contesta y dice tu nunca me llamas. Falso, te estoy llamando. Casi nunca te llamo. Son aclaraciones semánticas, pero que, sostengo, son muy importantes.

¿Por qué? Porque, ojo, la justicia también funciona. Cerca de 3000 tutelas que ya fueron falladas en 10 días hábiles llegan a revisión a la Corte Constitucional cada semana, están los procesos que abrió la Fiscalía recientemente, están los procesos de fijación de alimentos y fijaciones de cuota alimentaria que salen en un año, etc. Asimismo, la chica que es flaquísima puede serlo porque es bailarina y hace UN RESTO de ejercicio. O el chico que es gordo porque debe tomar cortisona todos los días. El mundo no es en blanco y negro.

Pero, a lo mejor, argumentativamente hablar en máximas es una excelente estrategia. Salir y decir que es que en este país nadie nunca ha hecho nada y que los ricos y que los políticos y que los gringos y que por eso estamos como estamos no solo es frecuente y poco original sino bastante plausible. Al fin de cuentas, sí estamos como estamos y sí ha habido ricos así, y políticos así, y gringos así. Pero también ha habido ricos todo bien, y políticos comprometidos y gringos… (bueno, no sé gringos… pero supongo que también). Es como cuando uno le dice al ex chic@ que tu nunca___, a pesar de que estuvieron juntos tanto tiempo y en dados momentos sí fuimos re felices. Lo que pasa es que admitir los grises lo vemos como signo de debilidad, y en esta selva nuestra mostrarse medianamente débil, medianamente dubitativo, medianamente dispuesto a considerar argumentos de lado y lado es signo de ser de la peor calaña. (Pero, por no caer en el error que señalo, aclaro que no siempre es una selva, hay gente muy chévere por ahí y gente que sí ha hecho muchas cosas).

Del mismo modo, así como las cosas no son en blanco y negro, las personas tampoco lo son. El grueso de las personas no es brillante, ni es estúpido. Es capaz. Y hay miles de factores que hacen que de ser capaz uno pase a ser bueno, exitoso, feliz, etc. Entre esos miles de factores está la suerte, las oportunidades, pero, sobre todo, las que podemos controlar, como el trabajo y la perseverancia. Entonces, por ejemplo, la máxima no puede ser: “Como toteaste bachillerato (o superaste algún reto) demostraste que eres inteligentísima y te va a ir súper bien en la Universidad y en la vida”. Porque, como en la negación indefinida, al menor indicio de que no – digamos, un quiz en 0, un parcial en 2.5, el riesgo de perder una materia – se va a caer todo el argumento y entonces el silogismo se transforma: Si yo no soy inteligentísima, porque me voy echando x clase, entonces no me va a ir bien en la Universidad. Ni en la vida. Desastre. Es mejor tener no-máximas, sino principios, algo así: “Como toteaste bachillerato demostraste que eres capaz y que, si te esfuerzas, te va a ir bien…”. El principio es que si te esfuerzas, si trabajas, si pones atención, te va a ir bien a la larga. Entonces: si me hecho un parcial, un quiz, una materia, es que no estudié lo suficiente y ya, para la próxima estudio más. Mi autoestima a salvo. Porque no es fácil, no todo es fácil y llegarán obstáculos que cueste superar. (Y obvio, como hay otros factores, de pronto la suerte, la falta de oportunidades lo refutan, pero el principio no pierde validez).

Y entonces, a diferencia de las máximas, el principio admite excepciones. Una excepción válida es la que, como se dice popularmente, “confirma la regla”. La excepción que confirma la regla no es, como en el ejemplo de “Tu nunca me llamas”, la llamada un vez al año. Ahí la regla describe una situación que no se cumple (te estoy llamando) y el principio no confirma nada de la regla porque, de nuevo, te estoy llamando. La excepción que confirma la regla es la que, a pesar de que es un comportamiento diferente al que se esperaría, confirma los fundamentos de la regla, el principio. Veamos: En nuestro ejemplo, el principio era “Si estudias juiciosa te va a ir bien”. Ahora, digamos que durante todo el semestre he estudiado juiciosa pero el día anterior al parcial algo pasó y no pude estudiar. Llegué, lo hice y, contra todo pronóstico, me fue muy bien. La regla sería: al que estudia para el parcial le va bien. Pero yo no estudié y me fue bien. ¿Regla refutada? No realmente porque, como vieron, lo que pasa es que estudié juiciosamente durante todo el semestre, entonces es una excepción válida (no estudiar para el parcial) que confirma el principio de que estudiar funciona. Lo mismo funcionaría si no estudio durante todo el semestre, estudio para el parcial e igual me va mal. La regla no se cae porque el principio (estudiar en general, no 3 horas antes) no se cumplió.

(Qué ejemplo tan pedagógico el mío…)

A lo que voy es que las máximas intimidan. Las máximas condenan y no construyen. Las máximas, si existen, no admiten matices. A quién le sirve un sistema de justicia que no funciona. Para qué hombres y mujeres si todos son desastres y arpías, para qué ir a estudiar a Harvard si los gringos son malos (¡SIC!), para qué bregarle a una relación o a este país si desde la frase que usamos para describirla/o ya está condenada. No se trata de ser, tampoco, un tibio, que nada condena, nada castiga y todo lo tolera. Hay crímenes atroces que no admiten perdón – por muy pocas oportunidades que haya tenido quien lo comete, hay muchas otras personas en situaciones similares que no salen a matar/violar/etc. como quién sabe quien. Pero partir, de plano, de que no hay solución, de que las cosas son así y punto, tampoco aporta nada. Al contrario, a lo mejor desincentiva a ese juez (ese un juez, pero que vale oro) que sí trabaja y cree en su trabajo, a ese congresista que se da la pela de no defender intereses particulares, a esos gringos que tienen organizaciones de derechos humanos o se inventan formas de trabajar con energía limpia y demás, a esas personas que la embarran una vez pero podrían hacerlo bien una siguiente. A esos grises, que somos todos, en realidad.

Decir es que nadie-nunca-nada (ojalá bien duro, y serio, para sonar más autoritario) viene a ser más fácil que admitir que hay-gente-que-a-veces-algo y que aún así no basta. Que es más difícil, que me concierne también a mí, que se requiere mi pellejo. Porque yo (y usted) estoy súper incluida en ese nadie-nunca-nada, a lo mejor menos en el hay-gente-que-a-veces-algo y, mucho menos en el inexistente todos-siempre-todo. Entonces todos nos metemos al mismo costal, el costal de lo imposible, así son las cosas, nada que hacer. Destruyamos este desastre a ver si uno posterior sale mejor (¿de dónde?). En el camino, robémonos todo, plagiemos todo, el que gana es el que más saca no el que jugó como si era. Como si en el mundo todo fueran recursos renovables. Al fin de cuentas no vale ni el intento de hacer las cosas bien, esto está podrido – ¿por qué será?. Pero, esa tesis es insostenible porque – independientemente de si está podrido o no, no sé – lo nuevo lo haríamos nosotros mismos, los que hicieron la primera que no nos gustaba. Aquí, a lo mejor, no cabe el borrón y cuenta nueva. Como en la Calle 26.

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